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Los feligreses participan de los actos religiosos de Domingo de Ramos.Miguel Canales / EXPRESO

Feligreses celebran en las iglesias, con regocijo y sin aforo, el Domingo de Ramos

Los católicos elevan sus plegarias para que la pandemia se termine pronto

Desde tempranas horas de este domingo 10 de abril, miles de feligreses acuden a las diferentes iglesias de la ciudad, para participar de las misas de Domingo de Ramos, de manera presencial y sin aforos.

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Sin palma de cera para el Domingo de Ramos

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Lo hacen luego de dos años de restricciones implantadas para combatir la pandemia por la COVID-19, por lo que esta celebración cristiana se convierte en un hito de unidad y fe, según indicaron.

Los bancos de la Catedral de Guayaquil, centro de la ciudad, no dieron abasto para todos los feligreses que llegaron con sus ramos para celebrar el acto religioso que recuerda la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y marca el inicio de la Semana Santa, en que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

En la puerta de ingreso se les recuerda a los asistentes el uso de las mascarilla.

En otros templos de la ciudad la situación es igual y se mantendrá hasta las 18:00, cuando se celebre la última misa del día.

En los exteriores de las iglesias volvieron los comerciantes para ofrecer los ramos confeccionados por ellos con diferentes materiales, que excluía la palma de cera, cuyo uso está prohibido con la finalidad de proteger a la naturaleza.

Monseñor Luis Cabrera, Arzobispo de Guayaquil, agradeció la presencia de los fieles y dijo sentir regocijo de que la fe se mantenga intacta. “Hay que seguir orando para que desaparezca la pandemia definitivamente y volvamos sin miedo a las iglesias”, manifestó.

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En los exteriores de los templos se vendías los ramos elaborados con diferentes materiales.Miguel Canales Leon

Además, resaltó que “Jesús está vivo y nos llena de esperanza cada día. Pongamos en las manos de Dios todos nuestros dolores, con la esperanza de que serán sanados”, acotó.

Los católicos también elevaron sus plegarias y en cada una de ellas había una coincidencia: “que Dios nos proteja y guíe nuestros caminos”.

Al término de la misa, monseñor pidió a los asistentes que no se levanten de sus puestos, ya que él, junto con otros dos sacerdotes, pasarían por los puestos para bendecir los ramos.

Los feligreses elevaron entre sus manos los ramos adquiridos y esperaron que el sacerdote rociara sobre ellos el agua bendita.

Se recordó que en el transcurso de este día habrá misas en diferentes horarios en todos los templos de los ciudad.