Guayaquil: Las dos caras de la Alborada

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Guayaquil: Las dos caras de la Alborada

Los vecinos destacan de su barrio la cercanía con los comercios, los parques pequeños y la unión. El tráfico pesado e inseguridad, tareas pendientes

Alborada
Desde el cielo. Así luce el barrio de la Alborada visto desde un dron. Aquí se observan las etapas sexta y décima, aledañas a dos centros comerciales.Miguel Canales / EXPRESO

Uno de los sectores más representativos del norte de la ciudad, por su dimensión, la cantidad de locales y plazas comerciales que tiene, y los parques, unos en mejor estado que otros, es la Alborada, integrada por 14 etapas.

EXPRESO hizo un recorrido por los lugares más representativos del sector y conversó con sus habitantes para conocer, más allá de su historia, qué les preocupa y que destacan de este vecindario, que según datos históricos fue construido en 1975.

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Para los residentes, si bien la inseguridad es uno de los problemas sin solución que más los afecta, de hecho esta es la razón -advierten- por la que se han visto obligados a encerrarse en sus casas; hay factores que los hacen creer que su barrio lo tiene todo. La Alborada es otra ciudad, no le hace falta nada, coinciden.

“El barrio, indistinto de su etapa, es unido. Aquí nos cuidamos, cuando los vecinos dejan las casas vacías es nuestro deber, casi que una tradición, custodiar la vivienda de quien, por años, ha vivido junto a nosotros. Aquí somos familia”, expresó Patricio Calle, quien se gana la vida como taxista y habita hace 33 años en la doceava etapa de la Alborada.

Alborada
Es común ver el tránsito pesado cerca de los locales comerciales, donde actualmente se ejecutan arreglos en las calles.Freddy Rodríguez / EXPRESO

El morador tiene grabado en su memoria la evolución que ha tenido su ciudadela. “Antes no había tanto comercio, con el tiempo vinieron los bancos, las farmacias, las clínicas, los centros comerciales: tenemos al menos cuatro. Aquí no hace falta salir, no hay razón de ir, por ejemplo, a la Bahía, lo tenemos todo”, reconoció.

HistoriaLa Alborada fue construida en 1975. Inicialmente, recuerda la historia, la habitaron personas jubiladas. A la ciudadela la integran 14 etapas.

Esta respuesta, conforme este Diario hizo su recorrido, fue la que más se repitió. Saulo Tapia, quien habita en la séptima etapa, destacó además los gimnasios, los supermercados, la iglesia y los restaurantes. “En la Alborada hay vida todo el tiempo, no duerme y eso es favorable. Podría ser mejor si la delincuencia no estuviera tan alta, tan grave”, señaló.

Lo malo es el tráfico, por todos los locales se forma una fila de carros. Más ahora con los arreglos de las calles que están haciendo.

Carlos Alvarado, morador de décima etapa
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Este último punto, el ligado a los delitos que se cometen en el sector, y que lo han convertido, a la vez, en uno de los puntos críticos del norte (el año pasado, incluso en pandemia, el robo de autos se incrementó, y la avenida Francisco de Orellana, que la atraviesa, sigue siendo temida por los conductores); sin embargo es la traba para que las familias no caminen más, y se desplacen hacia todos esos comercios que los rodean.

Cada manzana tiene un parque y eso es bueno para que los niños puedan divertirse. Las áreas verdes son vitales para nosotros aquí.

Pedro sánchez, morador de la Alborada

“A mí me gustaría ir caminando a las plazas comerciales sin tener que estar mirando siempre a los costados. Me agradaría disfrutar de nuestros parques, que tras varias quejas finalmente están siendo reparados. Ahora, las aceras las están interviniendo. Dicen que la Alborada será más inclusiva, eso nos lo debían. Pero, ¿y los asaltos? Si esto no para, no podremos salir. Seguiremos sacando nuestro carro con miedo. Lo que no ayudará a que el bendito tráfico disminuya”, señala Paola Armijos, de la sexta etapa,


Lo bueno es que hay variedad de locales comerciales y se puede comprar todo. Es muy céntrico, además para llegar a todas partes de la ciudad.

Valeria Crespo, residente de la zona

Para Carlos Alvarado, también residente de este vecindario en el que, según estadísticas del INEC, viven alrededor de 300.000 habitantes; urge que las autoridades tomen acciones para reducir los embotellamientos que, siempre en horas pico, agobian a los residentes y quienes circulan por sus calles.

Hay gimnasio, piscina y también parques, todo muy cerca. Los pequeños pueden divertirse y pasar un buen momento.

Saulo Tapia, vecino de la séptima etapa

Lo malo aquí son las calles. Los arreglos que hacen, a veces, toman más tiempo. Hemos vivido cada invierno inundados. Ojalá los trabajos que prometen se cumplan. Si las autoridades pretenden descongestionar la Alborada podríamos ser un barrio mejor. Más amigable”, añadió el habitante Carlos Alvarado, mientras salía de realizar sus compras en un supermercado de la décima etapa.

Lo bonito es que las calles tienen forma de herradura y las personas pueden salir a las tiendas y no corren peligro de ser atropelladas.

Mónica alvarado, moradora
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Para los residentes, de forma general, esta ciudadela, cuyas calles se conectan con al menos otros seis barrios, tiene áreas verdes que así sea desde la ventana de sus viviendas “muchas veces” les dan algo de respiro. “Cada manzana tiene un parque y eso es bueno para que los niños puedan divertirse. En la mañana y las tardes suelen llenarse. Hay vida, gente, risas. Solo me gustaría que en las noches sea igual, pero ya saben, ronda la delincuencia. Me agradaría también que los árboles estén sanos. Estamos tratando de revivirlos para que sigan siendo nuestro pulmón. Ha faltado cuidado de parte del Cabildo”, relató Carolina Chunga, de la octava etapa; quien al igual que el resto, “pese a las manchas grises que los afectan”, habla de su barrio con orgullo. “La gente es lo mejor”, sentenció.

La delincuencia es lo negativo de la Alborada; como en todo Guayaquil, lamentablemente ocurren asaltos. Eso nos preocupa mucho.

Tania de Álvarez, moradora de la Alborada