
Dignidad y memoria: el Salón de la Mujer 2026 visibiliza nuevas narrativas femeninas
El Salón de la Mujer se consolida como un escenario donde convergen historia, identidad y creación contemporánea
En un contexto donde el arte se consolida como un espacio de reflexión social, el Salón de la Mujer reafirma su papel como una plataforma que trasciende lo estético para convertirse en un escenario de reivindicación, memoria e identidad. En su vigésima séptima edición, bajo el concepto “Pintar la dignidad”, este encuentro se desarrolla en la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Guayas, como un acto simbólico que busca visibilizar la lucha histórica, los derechos y las realidades de las mujeres desde el lenguaje artístico.
Una exposición que habla del universo femenino
“El Salón de la Mujer no se limita a resaltar el papel femenino en las artes, sino que abarca la vastedad del universo de la mujer en todos sus espacios de actuación”, sostiene Abdón Segovia Campoverde, director del salón 2026, quien resalta el carácter inclusivo y transformador de esta propuesta cultural.
Más allá de lo expositivo, el salón propone una lectura profunda del arte como herramienta social. “Pintar la dignidad es mucho más que un ejercicio estético; es alzar la voz desde la sensibilidad para decir que ninguna mujer debe ser invisibilizada”, se enfatiza desde la organización, destacando el arte como un territorio de denuncia, memoria y sanación frente a problemáticas como la violencia, la desigualdad y la discriminación.
Este espacio reúne tanto a artistas consagradas como emergentes, evidenciando la diversidad de voces que convergen en un mismo propósito: dignificar la experiencia femenina. “Se trata de un ámbito inclusivo donde distintas realidades comparten ideales como la empatía y el apoyo mutuo”, agrega Segovia.
La evaluación estuvo a cargo de un jurado conformado por la decana Janet Alejandro Vélez, la tecnóloga Sonnia Gutiérrez de Márquez y el artista Paúl Coronel Flor, quienes valoraron tanto la propuesta estética como el contenido conceptual de las obras.
Las ganadoras del Salón de la Mujer 2026
Entre las propuestas más destacadas se encuentra la de Fátima Caicedo, ganadora del Primer Premio en pintura de caballete (Premio Adquisición) con su obra “Donde la curación empieza”, reconocida por su solidez conceptual y su mirada hacia el ancestralismo como matriz originaria.
“Yo partí del tema de la maternidad, pero luego quise investigar aspectos que han quedado en los márgenes, como el saber ancestral de muchas culturas”, explica Caicedo. “Quería mostrar desde qué punto se dignifica la mujer”, añade, al referirse a su interés por visibilizar prácticas como la partería y la curandería.

Su obra integra elementos como la histología y la representación simbólica del útero y la placenta, generando un diálogo entre ciencia, espiritualidad y tradición. “Es un tema que me interesa bastante, incluso desde lo médico, y quise llevarlo a la visualidad”, comenta la artista.
En la categoría de pintura mural, el Primer Premio fue otorgado a Saira Túquerrez (Sayana) por su obra “El reflejo de la esencia”, una propuesta que invita a reflexionar sobre la conexión entre el origen, la identidad y la dignidad.
“La dignidad no es un destino, sino la forma en que caminamos. Es el equilibrio entre honrar de dónde venimos y proteger la luz que llevamos dentro”, plantea su propuesta artística, que se articula desde una mirada profundamente simbólica y espiritual.
Desde su experiencia como muralista, Sayana refuerza el papel del arte como lenguaje social y colectivo. “Creo firmemente en el arte como medio de comunicación, en el cual a través de la cromática y los elementos logramos resaltar intenciones como la firmeza, el orgullo y la resistencia de mi pueblo, y también compartir parte de ello con otras provincias y países”, afirma.
Su testimonio también evidencia los desafíos dentro del campo artístico. “Para mí es un logro continuar de pie y en resistencia dentro del muralismo, con todos los prejuicios sociales que conlleva. Pero entendí que no es solo pintar, sino también inspirar a otras warmis, acompañarlas y compartir las enseñanzas que he adquirido, no solo con palabras sino con acciones”, expresa.
En ese camino, su mensaje se proyecta como una invitación a la acción: “Que, contra todo pronóstico, tengan la seguridad de atreverse a construir y lograr sus metas”, añade, destacando el arte como herramienta de empoderamiento femenino.
Propuestas que fueron resaltadas por la Casa de la Cultura
El salón también reconoció otras propuestas mediante menciones honoríficas, como “La cosecha” de Ana Ivis Juan Espinosa, “Membrana de renacimiento” de Marcelina Andrade García y “Raíces de resiliencia” de María Virginia Ortega León, además de una mención especial para “Dignidad en la calle” de Eugenia Toro Pineda.
Más allá de las obras individuales, el Salón de la Mujer se posiciona como un espacio de diálogo colectivo que conecta generaciones y referentes históricos. “Figuras como Rosa Parks, Marie Curie o Manuela Sáenz nos recuerdan que el legado femenino ha transformado el mundo”, señala Segovia.
En este sentido, el arte no solo cumple una función estética, sino también pedagógica y social. “Las prácticas artísticas que abordan temas de la mujer son fundamentales porque hablan de nuestro origen y de lo que nos une como humanidad”, reflexiona Caicedo.