El coronavirus cambió la fiesta de la boda, no el amor
EXPRESO fue testigo de cómo ahora se desarrollan los matrimonios. La seguridad fue evidente. El novio combatió al virus en primera línea

Sofía Cruz, jefa de Matrimonio de la corporación Registro Civil, entrega el certificado de que Daniel Toaza y Nicolle Torres. PERIODISTA : LINA ZAMBRANO FECHA :16 /07/2020 Agencia (ag-extra)
Las melodías del saxfonista, Kelo López, ponen el toque inspirador a una decoración de boda civil que dio un giro de 180 grados, por la llegada del coronavirus. Daniel Toaza está esperando a Nicolle Torres, en unos minutos será su esposa. Son las 17:00 del jueves 16 de julio.
Es una de las primeras fiestas pos-COVID, en Guayaquil.
El lugar está lleno de arreglos de flores, sus colores arrancan suspiros; aunque sus aromas no traspasan las mascarillas. En la espera, la mirada de los invitados recorren las instalaciones de la Villa Elizabeth, en vía a la costa.
En la pista de baile hay círculos. “Estas señales nos guiarán para mantener la distancia al bailar”, explica Margarita Rugel, propietaria de la marca ExpoBoda, quien junto a otros 35 organizadores de eventos decidió regalarle la fiesta a los novios, por ser una de las primeras legales que se realizan en semáforo amarillo en la ciudad.

Alexandra Aguirre, dueña de Decorline Casa de Eventos y Banquetes, explica que los bocaditos están en envases cerrados.
Daniel es uno de los héroes que combatió al virus en primera línea. Es auxiliar de servicios médicos en el hospital Teodoro Maldonado Carbo. Y esta, dice Rugel, es la razón principal por la que decidieron darle ese obsequio.
Daniel, semanas atrás, llamó a la Corporación del Registro Civil para preguntar si estaban haciendo matrimonios en casa. Su presupuesto no era para tener una boda civil con música en vivo, hora loca, servicio de comida de un hotel de cinco estrellas y una decoración de primera.
Recién estaban cotizando todo, ni la fecha estaba determinada. La sorpresa fue que lo llamaron para indicarle que casarse no les costaría nada y que tendría una celebración con la que los novios suelen soñar. Aceptaron.

En la Villa Elizabeth, un local campestre para eventos sociales, ubicado en la vía a la Costa se ha creado un lugar especial para que los invitados se laven las manos y se desinfecten con geles.
Daniel sigue de pie y Lenny Rodríguez, organizadora de bodas, le arregla el azahar. Mientras terminan de llegar los invitados, en total 25, que es lo permitido por las autoridades sanitarias para este tipo de actos.
A la entrada del local campestre hay un doctor que toma la temperatura. Aunque días atrás los novios y sus invitados se hicieron exámenes que les confirmaron que no estaban contagiados con el virus, el médico tiene reactivos para realizar la prueba si alguien registra fiebre.
Aún hay tiempo para seguir recorriendo el lugar, la novia se está retocando el maquillaje alrededor de sus ojos, las emociones brotan. Las mesas tienen una separación de tres metros y las sillas, metro y medio. Los cubiertos están guardados en cajas que tienen las iniciales de la pareja.

En estas cajas están los cubiertos, ya no se ponen solo envueltos en una servilleta.
“El protocolo de una boda ha cambiado. Antes las mesas eran para ocho invitados, ahora son solo para cuatro. Nada puede estar sin protección. No habrá meseros brindando los bocaditos en un charol. Ahora se entrega en caja”, explica Alexandra Aguirre, propietaria de Decorline, Casa de Eventos y Banquetes.
El momento más importante empieza. Los rostros de Daniel y Nicolle están tapados con mascarillas. Solo se pueden ver las expresiones de sus ojos.

En la fiesta no faltaron los personajes venecianos, la diferencias es que tenían mensajes que recordaban la importancia de mantener las medidas de bioseguridad.
Hay una mezcla de sentimientos, en el tiempo del confinamiento los novios fueron responsables y no se vieron físicamente durante todo marzo. En abril decidieron vivir juntos.
Daniel está lleno de alegría de casarse con la mujer que le dio el ánimo para trabajar hasta 24 horas en el hospital. Aunque ella temía al contagio, sabía que la labor de su amado era fundamental en la batalla contra el coronavirus. Y es que Nicolle estuvo junto a él, lo apoyó cuando en un solo día Daniel tuvo que llevar hasta la morgue 50 cuerpos. Pese a estar preparado para las escenas que hay en una emergencia de un hospital, era imposible no salir afectado emocionalmente con lo que provoca la pandemia, reconoce.
Nicolle recuerda que se conocieron hace dos años, cuando él fue a devolverle unas mesas y sillas que le había prestado a quien ahora es su cuñado.

El doctor Javier Carvajal pide a los organizadores de la boda que tomen distancia para posar en la foto para EXPRESO.
Cuando Daniel la vio por primera vez a Nicolle, se dijo así mismo “debo conquistar el corazón de esta mujer”. Una meta que se está sellando con un: “Sí, acepto” y con la frase: “Los declaro legalmente casados”.
Ecuador
El riesgo de contagio no frena la realización de fiestas clandestinas en Quito
Javier Montenegro
Tiernamente se abrazan y el primer beso es con las mascarillas puestas. Luego, les dicen que se las pueden retirar, para en una foto captar la primera caricia de labios, de casados.
Las felicitaciones son a la distancia, bailan; no hay el juego de las ligas, se ha eliminado todo lo que implique un contacto físico. Todo da evidencia de que la pandemia cambió el protocolo de las fiestas, menos el amor.

La distancia entre las mesas es de tres meses y de las sillas, de un metro y medio.