De cara a cara al peligro en las vías de Guayaquil
EXPRESO retrata las acciones de los peatones que defienden no usar el paso peatonal por miedo al robo, aún cuando sus vidas están en riesgo

Alberto Moya se salta las barandas que dividen la estación de la Metrovía de la calle, cerca de un centro comercial, en plena avenida 25 de Julio, aun cuando a menos de 50 metros hay un paso peatonal. El tramo es uno de las más concurridos de la ciudad, por estar allí también ubicados un hospital y otras tres plazas comerciales.
Cruzan entre los carros, zigzagueando entre las motos y los vehículos de transporte pesado. Trepan paredes, muros de concreto y hasta dejan de respirar por unos segundos para quedar lo más delgados posibles y así poder pasar entre el cemento y las barreras de metal que han sido colocadas para que el paso quede restringido. Esta descripción fácil podría corresponder a la de un superhéroe que podría estar intentando salvar al mundo. Lamentablemente corresponde a la de los peatones que ponen en riesgo sus vidas para cruzar de una calle a otra, no importa en qué circunstancias.
Durante varios días, EXPRESO ha recorrido las principales arterias de la ciudad para constatar estos hechos que más de una vez han sido denunciados por la ciudadanía y los conductores que escapan de atropellarlos; y conocer, a la vez, las razones que obligan a estos habitantes a arriesgarse tanto, aun cuando en algunos puntos tienen pasos elevados ubicados a no más de 50 metros de donde se encuentran.
Quienes deciden hablar y le ponen rostro a sus testimonios (la mayoría evitó hacerlo y hasta respondió con insultos a un equipo de EXPRESO cuando se les preguntó por qué lo hacen), defienden que es por la inseguridad que existe en los pasos. Andrea Samaniego, quien vive en la ciudadela 9 de Octubre, es una de las personas que ni siquiera pensó en subir los escalones de la estructura ubicada en la Perimetral, cerca de la Trinitaria, donde viven sus padres, a quienes los visita dos veces por semana. “Arriba roban y hasta te matan. Prefiero el bus o el tráiler, los bocinazos y los insultos en tierra, que un cuchillazo en las alturas”, señala tras cruzar una muralla de concreto de casi metro y medio y las mallas ubicadas bajo el paso.

No importa que los barrotes de la Perimetral, cerca de la Trinitaria, midan más de un metro. Con niños o sin ellos, los ciudadanos se saltan el muro para cruzar la arteria, una de las más concurridas de la ciudad. Incluso en la noche se repite la escena.
Como ella, sin pensarlo, actúan Cristina Campuzano, Óscar Rendón, de 65 años, y hasta una joven y su hija de no más de 7 años, que con ayuda de quienes conforman una especie de fila india para atravesar la arteria, ayudan a levantar a la menor y le dan indicaciones para que no la atropellen. “¡Cuidado, no cruces! Espera a tu mamá”, se escucha decir mientras, a la primera oportunidad, corren despavoridas.

Con un gesto un peatón busca que un conductor reduzca la velocidad en la Francisco de Orellana, aun cuando el semáforo está en verde. En el lugar incluso se ve a peatones arrastrando quioscos de comida de un lado de la vereda a otro, causando más embotellamientos.
Guayaquil
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Diana Sotomayor
En el Puerto Principal, hay un total de 58 pasos peatonales y en la mayoría los peatones pasan por debajo. En la avenida 25 de Julio, la infracción la cometen a diario decenas de personas, al pie de la estación de la Metrovía. Allí simulando ser atletas o hasta caballos en plena carrera, se saltan los separadores de metal sin importar la hora y el día.
En José de Antepara y García Goyena, un paso peatonal oscuro, sin lámparas, ni focos, y con paredes garabateadas, basura y trapos que cuelgan de las barandas, recibe a los escasos peatones que se atreven a traspasarlo. https://t.co/eQg8XmyxUx
— Diana Sotomayor Z. (@DianaSotomayorZ) April 17, 2021
EXPRESO ve la maniobra que hace Alberto Moya, un adulto mayor que brinca y corre sin dificultad y defiende no usar ni el paso peatonal, ubicado a no más de 30 metros, ni esperar a caminar hasta el puente elevado, ubicado a otros 40, no solo por la delincuencia, sino por la falta de acciones por parte de la autoridad. “Nadie en todo Guayaquil quiere arriesgarse a caminar un metro más del que debe, por miedo. En el paso hay hacheros y bajo la otra estructura, limpiaparabrisas y delincuentes camuflados de comerciantes que te roban sin piedad. Prefiero que me digan infractor las veces que sea necesario. Pero si quieren que usemos las obras, entonces vuelvan seguros los espacios. Si no lo hacen, la ciudad se volverá caótica. Correremos como gallinas para salvaguardar nuestras vidas”, indicó.

Esta imagen captada en el sur de la ciudad, se replica en toda la ciudad. Un ciclista opta por ir en contravía en plena Perimetral solo para cortar camino. La comodidad pesa sobre el cuidado.
No obstante, para la ciudadanía ese argumento de que la inseguridad obliga a los guayaquileños a cometer infracciones todo el tiempo, no en siempre sustentada. “A veces la imprudencia se da por falta de educación”, advierten. Lo dicen al hacer referencia a los motociclistas que usan la vereda y hasta los parterres para desplazarse, y a los caminantes que son capaces de pasar de ladito entre largas hileras de buses, siempre para cortar camino.

Margarita González pasa entre el pequeñísimo espacio que queda libre entre el cemento y las rejas colocadas bajo el paso peatonal de la Perimetral, cerca de la Trinitaria. No le importa rasparse las rodillas o engancharse con los fierros. Otros hacen fila para repetir la escena. Pocos usan la estructura porque, advierten, en ella consumen drogas y roban.

Los ciclistas también tienden a recorrer las vías por los sitios menos seguros, lo que genera molestar entre los conductores que han tenido que hacer maniobras para evitar atropellarlos.