La 18 aterriza en la 17, con servicios sexuales públicos y bebederos clandestinos

  Guayaquil

La 18 aterriza en la 17, con servicios sexuales públicos y bebederos clandestinos

Al menos cien mujeres que trabajaban en el prostíbulo se instalan en las esquinas de la avenida.  Moradores del sector piden acciones del Municipio.

Trabajadoras sexuales se instalan a lo largo de la calle 17 a diario, pese a los controles.
Trabajadoras sexuales se instalan a lo largo de la calle 17 a diario, pese a los controles.Álex Lima / Expreso

Andan tres. En una camioneta. Dos se bajan, uno conduce. Visten de azul marino y a su paso se abre la masa urbana, como si de una ola de lava se tratase. Son las 10:00 de este martes 14 de septiembre en la calle 17 y esta es una de las rondas que harán agentes de la Policía Metropolitana en la zona.

A diferencia de otros sectores, como el Mercado Caraguay, en donde su lucha es principalmente contra el comercio informal, en esa área, la Policía Municipal hace limpieza de trabajadoras sexuales.

Es como barrer, pero de forma ineficaz, porque aunque son amables y no hacen retención de ninguna pertenencia, les advierten que no pueden estar en esa zona regenerada. Y ellas lo saben, pero no les importa, porque, si la alcaldesa Cynthia Viteri ha decidido que los prostíbulos sigan cerrados, argumentan, no queda otra que buscar como lugar de trabajo la calle. “No nos iremos”, dice Francisca Zambrano, transexual representante de 75 trabajadoras sexuales de la calle Salinas, conocida como la 18, ahora instaladas en el sector.

Trabajadoras sexuales se instalan a lo largo de la calle 17 a diario, pese a los controles.
Trabajadoras sexuales se instalan a lo largo de la calle 17 a diario, pese a los controles.Álex Lima / Expreso

Regenerada desde 2006, la calle 17 recorre las avenidas Cuenca, Brasil, Gómez Rendón, Maldonado, Calicuchima, Francisco de Marco, Letamendi, San Martín y otras. De las 400 trabajadoras que tenía la 18, al menos un centenar hicieron de la 17 su oficina, explica Brenda Rentería, presidenta de la Asociación de Propietarios y Arrendatarios de la Calle Salinas, que hoy atiende un comedor adonde llegan a almorzar “las chicas”, como les dice.

A los vecinos de la zona les incomoda esta nueva escena, asegura Wilmer Bravo, uno de los moradores y quien atiende un negocio en el sector. Ha sido testigo de varias peleas callejeras protagonizadas por las trabajadoras.

Los motivos van desde peleas por clientes hasta disputa de territorio, aunque también se pelean por cosas personales, como compañeros sentimentales, reconoce Tatiana, una de las prostitutas más antiguas del lugar. “Desde que se activó el amarillo, en mayo, todas las de la 18 llegaron aquí. Los vecinos nos miran mal, porque somos muchas”, lamenta.

Es insólito que la alcaldesa nos tenga cerrados cuando esta calle está llena de trabajadoras sexuales y cada vez son más los bares y prostíbulos clandestinos.

Brenda Rentería, dirigente de la Asociación de Propietarios y Arrendatarios del Barrio Salinas.

Recientemente se viralizó un video de la zona en donde se observa a dos supuestas trabajadoras sexuales que reclaman cobros por dos y tres dólares por usar la calle a dos mujeres y una transexual. EXPRESO llegó al lugar a buscarlas y lo negaron, aunque reconocen que cada vez es más frecuente que haya todo tipo de problemas.

Javier Flores, policía encargado de la Unidad de Policía Comunitaria móvil de la zona, lo confirma. “Ahora es más frecuente ver a libadores y los robos se registran en mayor número. La imagen del sector ha decaído pese a la regeneración”, describe sobre el escenario actual del barrio.

La Policía no actúa retirando a las trabajadoras sexuales si no hay una autoridad que antes intervenga, admite el agente. “Y cuando ha habido redadas de ese tipo, ha sido en presencia de una autoridad de la Intendencia. Los controles son seguidos, pero no han podido solucionar el problema”, cree.

Es frecuente ver a grupos de trabajadoras en el sector.
Es frecuente ver a grupos de trabajadoras en el sector.Álex Lima / Expreso

La alcaldesa ha sido enfática: todo bar, discoteca o prostíbulo de Guayaquil se mantendrá cerrado. Tienen la opción de funcionar como restaurantes, pero en la 18 no ven factible esa solución. De hecho, las restricciones les parecen incongruentes con la realidad.

“Porque afuera, la 18 sigue abierta”. Porque la realidad la hacen una calle 17 llena de cantinas clandestinas y cuartos para trabajadoras sexuales, clandestinos también. La realidad, insiste Brenda Rentería a nombre de los propietarios y arrendatarios de la calle Salinas, es que la prostitución no ha cesado en pandemia y que para las mujeres que la han elegido como profesión resulta mucho más peligroso ejercerla desde una acera, no solo por las malas caras de los vecinos, sino por la inseguridad.

Hay protocolos propuestos desde el gremio. El lunes pasado fueron entregados a la autoridad. Personal del Municipio afirma que analizará las propuestas, hasta entonces, la 18 estará en la 17.

Es mejor que abran la 18 y que el barrio retome su calma. Durante las últimas semanas hay pleitos, personas que beben y hasta ladrones en el barrio. Deben hacer algo.

Wilmer Bravo,

morador del sector regenerado de la calle 17.

  • Farrean a escondidas. En la zona proliferan discotecas y, como les llaman las trabajadoras sexuales, bebederos clandestinos. Se trata de casas y locales que se las arreglaron para vender trago a escondidas.
  • Sí hay camas. Es serio aquello que aseguró la alcaldesa de que clausura a moteles y hoteles que ayuden a las trabajadoras sexuales por camas, pero nada ha logrado que ellas dejen de trabajar. Alquilan hasta casas.