Deportes

Los padres, hinchas incondicionales

Tres papás de seleccionados cuentan los primeros pasos de sus hijos en el balompié, cómo han seguido sus carreras, sin dejar de lado las infantiles travesuras

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Familia. Christopher y Lucas, hijos de Cristhian; Sonia Tello y Fernando Noboa, padre del futbolista.Cortesía

Actualmente son figuras del fútbol ecuatoriano y militan en las selecciones nacionales, pero para llegar a serlo tuvieron el respaldo y los consejos un padre que los sigue orientando tal como cuando dieron sus primeras patadas a una pelota.

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Es que hablar con Fernando Noboa, Alonso Martínez y Jesús Tobar, es ir a la infancia de Cristihan Noboa, Fidel Martínez e Irene Tobar, personajes de nuestro fútbol que plasman a nivel personal y profesional todas las enseñanzas de sus progenitores, que hoy celebran su día.

Las historias que relatan estos padres futboleros tal vez más de uno las ha vivido en sus casas, porque a fin de cuentas los sueños de ser estrellas del balompié se parecen y no faltan las inocentes travesuras.

El Zar Noboa, experimentado jugador de la Tri, extendió su carrera de fútbol a base de sacrificio y disciplina, pero antes tuvo que quebrar varios adornos en su casa. Lo mismo sucedió con Fidel, el goleador de la pasada Copa Libertadores. Ambos tuvieron la complicidad de sus papás para evitar algún castigo por convertir la sala de la casa en un estadio.

También está la experiencias de Jesús Tobar, papá de Irene, quien le dio todo el apoyo que le dio a su hija cuando se iniciaba en una carrera que en ese tiempo era predestinada para los hombres. 

Fernando Noboa, padre de Cristhian: "Me eché la culpa de una pelotazo a la televisión"

Fernando Noboa, papá de Cristhian, es de profesión marino. Dice que desde que aprendió a caminar, el Zar ya estaba jugando pelota. El jugador de la Tri, siempre ha sido muy cariñoso y apegado, pero de lo nunca se puede olvidar es de un Día del Padre en especial, cuando todo estaba bien en casa, hasta que se le ocurre tocarle el balón Roberto, otro de sus hijos, y a Cristhian. De pronto pasó algo que a Sonia Tello, la mamá del jugador, no le gustó.

Es que en medio de la emoción se ‘olvidaron’ de que estaban en la sala, cuando Cristhian sacó un ‘riflazo’, con tanta puntería con la que dispara al arco y hace goles, que tiró la televisión al píso.

“La mamá los quería matar, entonces me tocó decirle que fui yo, para que a Christian no le pase nada, él tenía solo 9 años”, recuerda entre risas Fernando.

El padre ni olvida los regalos que le ha dado su hijo para el alma, como fueron los campeonato con el Rubin Kazan y el Zenit en Rusia. Eso se le quedaron grabados en su corazón, así como los goles que ha marcado el Zar, tanto en clubes como en selección. “Cuando hizo el golazo al Bayern en Champions, nosotros estábamos en Madrid y gritamos el gol con la camiseta del Rostov, la gente estaba sorprendido por que lo festejábamos, luego lo explicamos”, explica Noboa.

No hay palabras para decir lo que es mi padre, es un ser extraordinario, está siempre pendiente de todo lo que hago. Es un regalo de Dios”.

De Cristhian para Fernando

Dice que como padre sabe todo el esfuerzo que ha tenido que hacer Cristhian para triunfar y sostiene que David, su otro hijo futbolista, ahora le sigue los pasos al Zar.

Papá Noboa confiesa que él no quería que sus hijos fueran jugadores. Soñaba verlos estudiar y tener una profesión. Cuando Cristhian tenía 16 años le dijo que lo deje un año entrenar en Emelec y que si no pasaba nada, volvía a los estudios, pero en enero entró al Bombillo y en marzo ya estaba debutando. Eso lo dejó sin opción para cuando David le dijo que también quería ser jugador. El papá confiesa que las navidades era lo más fácil en casa, compraba una pelota y todos sus hijos eran felices. 

Alfonso Martínez, padre de Fidel: “Prometió comprar todas las vajillas que hagan falta”

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Alegría. Su hermano Andrés, sus padres Soraya Tenorio, Alonso Martínez, Allison y Fidel.Cortesía
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Don Alonso Martínez nació en Esmeradas y fue jugador de fútbol profesional, pero su vida la hizo en Lago Agrio. Él es el padre de Fidel Martínez, jugador de los Xolos de Tijuana y la Tricolor.

Disfrutó al máximo la época de Fidel niño, dice que lo llevaba de mascota a todos los equipos donde participaba. Fidel quería estar jugando y jugando, ese flaquito nació para el fútbol.

Recuerda que en la casa había un aparador donde guardaba toda la vajilla que era para las ocasiones especiales, pero Fidel un pelotazo lanzó todo al piso, pero lo que más sorprendió fue la respuesta que dio el ofensivo y la seguridad con la que se lo dijo a su madre, Soraya Tenorio.

“Mamita cuando sea grande, te compraré todo las vajillas que tu necesites”, lo que terminó en risas.

Alonso tiene días marcado en su vida, como cuando Fidel fue por primera vez a Quito y conoció el estadio Atahualpa, en aquel partido vio al famoso Rivaldo de Brasil, eso fue motivante para él.

Siempre ha estado en todo, desde cuando me llevaba como mascota a los equipos en que él jugaba. Mi papá es mi amigo, mi hermano, es lo máximo

De Fidel Martínez para Alfonso

Fidel decía en casa, que iba a entrenar hasta cuando salga en televisión como jugador. Recuerda que una de las primeras ocasiones en que lo hizo fue a lo grande, cuando ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Río en el 2007. Ese día hubo un gran festejo, su querido hijo había cumplido.

Alonso, no solo es padre, también fue su representante cuando Fidel estuvo en Deportivo Quito, sin embargo se llena de orgullo de que es y será su consejero toda la vida, tanto dentro como fuera de la cancha, sitios en los que el eficaz delantero reparte su ‘Alegría y atrevimiento’.

Jesús Tobar, padre de Irene: "Hicimos un pacto, si estudiaba la apoyaba"

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A los tres años de edad la mundialista Irene Tobar, arquera de Dragonas de Independiente del Valle y de la selección de Ecuador, ya estaba jugando fútbol con su padre Jesús Tobar. Lo que empezó como una forma de diversión, con el pasar de los años se hizo una profesión para la golera.

“Desde pequeña le gustaba el balón, tenía muñecas, pero la pelota le divertía, tenía tres años y ya era mi arquera”, dice un emocionado padre.

En la casa de los Tobar, se dieron cuenta que lo de Irene con el fútbol iba en serio, cuando ella le dijo al papá, que el colegio lo quería hacer en una institución militar, debido que la escuela hizo en una de monjas, y no había tantas opciones para jugar fútbol.

Desde su etapa colegial se prendió por el amor al rey del deporte y cuando llegó a ser seleccionada por Guayas y luego vino la Tricolor.

Sus primeros años en Rocafuerte, Unión Española, siempre la acompañaba Jesús, que es bombero. “Cuando juega en Guayaquil, siempre vamos al estadio” expresa Tobar.

Mi padre siempre ha estado presente, es mi apoyo y mi guía. Siempre ha estado conmigo. Ha sido parte fundamental de mi carrera como jugadora y en mis estudios”.

De Irene para Jesús

Se emociona al máximo cuando habla de Irene y su llegaba al fútbol profesional, dice que se siente orgulloso.

La hija le ha dado muchas camisetas de equipos, pero dice que le tiene más cariño a la de la Tri. Cuenta que desde sus inicios se inclinó al arco, porque era pequeña, pero que antes de que escoja el fútbol, padre e hija hicieron un pacto: “llegamos a un acuerdo, yo la apoyo en el fútbol, pero que ella tenía que seguir estudiando y lo ha cumplido, tiene su profesión y sigue jugando, me siento orgulloso de ella, a pesar que ahora pasa en Quito y la extraño”, comentó Tobar, para quien ver a su hija con la Tricolor es un sueño