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Coronavirus: Iván Vallejo, esperanza contra la pandemia

El montañista ecuatoriano recordó una anécdota que le cambió la vida. A su decir, hay dos maneras de salir de la emergencia: compromiso y disciplina.

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Iván Vallejo analizó la situación del mundo con respecto al coronavirus.CORTESIA

Era 28 de diciembre de 1988 el día que la vida de Iván Vallejo cambió por completo. Escalaba el Chimborazo cuando el piso bajo sus pies se rompió y él cayó más de 30 metros, quedando enterrado, además, por kilos de nieve y hielo.

Cuatro horas de angustia pasó acostado boca abajo con solo sus pies fuera del hielo, a su decir, “cuatro horas que parecieron infinitas”. Dejó de gritar pidiendo auxilio porque se dio cuenta de que se estaba robando el poco oxígeno que le quedaba.

Finalmente fueron sus compañeros de escalada quienes lo sacaron de allí y fue cuando aprendió la lección más grande de su vida: “el poder y el valor de la esperanza”, según indicó el popular montañista ecuatoriano.

Vallejo hizo esta apología con respecto a lo que vive actualmente el mundo con la pandemia del coronavirus: “hay pánico, tenemos miedo de morir”, tal como le ocurrió esa tarde bajo la nieve, cuando el terror se apoderó de él al preguntarse cuál podía ser la causa de su muerte, si el golpe que tenía en la espalda, la falta de oxígeno o el congelamiento.

Pero, para completar su metáfora, Vallejo recordó a sus seguidores que lo que le brindó calma para sobrevivir esas cuatro horas fue el poder de la esperanza, que es lo que “necesitamos ahora para sobrellevar lo que estamos viviendo”.

El montañista, quien en sus épocas de gloria escaló el monte Everest, indicó que hay tres maneras de vencer esta emergencia: el compromiso, la disciplina y, sobre todo, la esperanza. El compromiso se trata de “pensar en los demás”, la disciplina es para respetar las normas de seguridad y la esperanza “para convencernos de que todo va a estar mejor”.

En estas épocas de confinamiento, Vallejo no ha descuidado su entrenamiento, al contrario, ha empezado a utilizar sus viejas máquinas caseras, que son una bicicleta estática y una caminadora, que en tiempos de ‘normalidad’ no utilizaba porque prefería el deporte al aire libre.

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Iván Vallejo desde su confinamiento en casa, en el norte de Quito.Captura

“Siempre les hice feos a las máquinas de gimnasio porque me decía que para qué utilizarlas si uno puede salir al parque o a una cancha”. Además, el escalador practica la meditación y habla a diario con sus hijos y su hermana, quien cuida de la mamá de ambos.

“Este confinamiento provocó que la rutina de entrenamiento se pare abruptamente y cuando eso pasa el cerebro entra en tensión. Hay que establecer rutinas con actividades para que el cerebro tenga tranquilidad”, sentenció, y comentó que lleva 21 años con una estricta dieta alimenticia que no ha cambiado en la crisis.

Vallejo reside solo en el norte de Quito y el tiempo libre en casa lo ha aprovechado, además, para continuar con su tesis de maestría. El montañista estudió Psicología y, debido a una agenda de expediciones que emprendió el año pasado, la realización de su trabajo de grado se postergó.

“Mis compañeros ya se graduaron y yo no, porque tuve que postergar mucho eso”, indicó. Y, aunque se mantiene en forma con sus máquinas caseras, confesó que “no es lo mismo”. Manifestó que extraña dar vueltas por los parques Metropolitano y Bicentenario, o andar en bicicleta por Quito y llegar en dos ruedas hasta la Mitad del Mundo.