María José Endara rompe los moldes de la Biología Evolutiva
La investigadora quiteña recibió un premio de la Academia Mundial de la Ciencia gracias a un estudio sobre la coevolución entre plantas e insectos

Ella. Es quiteña, madre de una niña de ocho años y PhD en Biología Evolutiva.
De niña recolectaba hojas, rocas e insectos en la hacienda de su abuelo, en Nanegalito, al norte de la capital. Lo hacía junto a sus primos, por curiosidad y por pasatiempo, sin imaginar que más adelante sería la profesión con la cual rompería varios techos de cristal.
María José Endara es doctora en Biología y Ecología Evolutiva de la University of UTAH, parte del equipo del Centro de Investigación de la Biodiversidad y Cambio Climático (BioCamb) de la Universidad Indoamérica (UTI) y mucho más que eso. Es un ‘role model’ para la ciencia y para las mujeres en el país.
Entre sus logros están desde ser la segunda mujer ecuatoriana en publicar un estudio en la prestigiosa revista Science hasta poner en duda la teoría de la coevolución, sostenida durante los últimos 50 años en el campo científico global.
Según Endara, en los libros de texto para el estudio de la biología, siempre ha predominado la idea de la teoría coevolutiva, en la que se dice que dos grupos de organismos (originariamente insectos y plantas) están interactuando y evolucionando simultáneamente. Sin embargo, no se había probado si las predicciones de la teoría eran ciertas. Fue entonces que, para obtener su doctorado, decidió ponerla a prueba.
La adaptación a la que se refiere la experta, en concreto, es a la de los compuestos químicos de defensa con la que evolucionan las plantas y que es mucho más rápida que la contraadaptación (coevolución) de esos químicos por parte de los insectos. En ese sentido, Endara sostiene que las plantas pueden ser “más listas” que los herbívoros (en este caso insectos) y determina que ambas evoluciones mantienen un desarrollo asimétrico.
Para llegar a estas conclusiones demoró seis años, pero la hizo merecedora del premio ‘Young Fellow’ entregado por la Academia Mundial de Ciencias y que lo reciben anualmente científicos menores de 40 años que han hecho contribuciones significativas en este campo. Además pudo publicarlas en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), una de las revistas más importantes del mundo en este campo.
Asimismo, National Geographic Society, dentro del programa AIl for Earth de Microsoft, le entregó una beca para financiar sus investigaciones.
MÁS APOYO A LA CIENCIA Y A LAS CIENTÍFICAS
Tras recibir el premio Young Fellow y en el marco de la conmemoración por el Día Nacional de la República del Ecuador (11 de septiembre), la bióloga fue condecorada con la presea Pedro Vicente Maldonado en la sesión solemne del Pleno de la Asamblea Nacional.
En su discurso de agradecimiento, la docente insistió en la obligación moral y ética que tienen los profesionales para lograr que la inversión en la ciencia sea una prioridad del Estado, “más aún en las circunstancias actuales que evidencian que seguimos siendo vulnerables y dependientes de otros países".
SU APORTE EN SCIENCE
Más allá de la teoría coevolutiva que decidió poner a ‘tambalear’, Endara trabajó en el artículo ‘Herbívoros como impulsores de la dependencia de la densidad negativa en los árboles jóvenes de los bosques tropicales’ y lo publicó en 2019, en Science.
Se trata de una de las revistas científicas más importantes a nivel global; solo el 26 % de sus artículos tienen a una mujer como primera autora. “Todavía hay mucho trabajo por hacer para tener una representación más equilibrada en cuanto a género”, relata.
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Para Endara, la importancia se refleja en el alcance que tiene y el mensaje que se puede transmitir sobre su investigación que se basa en el crecimiento de especies vegetales que podrían ser la cura para las enfermedades más agobiantes y masivas que afectan a la humanidad.
Una segunda parte. Ahora trabaja en conjunto con la Universidad de Utah, la Universidad de las Américas (UDLA) y la Universidad Indoamérica, en la clasificación e identificación de nuevas especies de árboles de la Amazonía ecuatoriana mediante el uso de inteligencia artificial y la metobolómica (procesos celulares de las especies). El equipo ha recolectado muestras de 600 especies y el siguiente paso es realizar las extracciones químicas.