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Pink Floyd lanzó The Dark Side of the Moon el 1 de marzo de 1973 en los Estados Unidos (práctica común en los 70's), pero en Reino Unido fue estrenado el 24 de marzo.ILUSTRACIÓN

Un día como hoy, Pink Floyd lanzó su emblemático álbum The Dark Side of the Moon

A 53 años de su publicación, el trabajo británico mantiene vigencia por explorar el colapso mental y las presiones sociales

El 24 de marzo de 1973, la banda británica Pink Floyd lanzó en Reino Unido (en la época, a pesar de ser británicos, las obras se lanzaban primero en Estados Unidos) uno de los álbumes más laureados de la historia: The Dark Side of the Moon. Esta pieza conceptual aborda las presiones de la vida moderna, el tiempo, el dinero, la guerra, la locura y la mortalidad; temáticas tan bien reflejadas que lo consolidan como una obra maestra atemporal.

El tercer álbum más vendido de la historia

Los números lo avalan: sus 45 millones de copias distribuidas lo hacen el tercer álbum más vendido de la historia; acumuló 900 semanas seguidas en la lista Billboard 200 (más de 14 años) y, en la era digital, registra más de 1.200 millones de reproducciones en plataformas de streaming.

Billboard 200
Lista Billboard del año 1973, un mes después del lanzamiento del álbum. 'El lado oscuro de la luna' figuraba en el puesto #1.Cortesía

Su influencia actual radica en la suma de técnicas pioneras empleadas durante su grabación en el famoso estudio Abbey Road, una lírica filosófica y un ambiente sonoro que cautivó a toda una generación.

David Gilmour
Gilmour, en el estudio EMI (Abbey Road) grabando sus partes de guitarra para el álbumTomado de redes sociales y restaurado con IA

El origen: mentes, máquinas y una portada icónica

Para 1971, Pink Floyd transitaba por un punto de quiebre. Eran un referente de culto del rock psicodélico, pero aún no alcanzaban el estrellato global. Tras la salida de su líder original, Syd Barrett, por severos problemas psiquiátricos, la agrupación necesitaba un rumbo claro para alejarse de las largas y dispersas improvisaciones instrumentales de sus primeros discos.

En ese contexto, Roger Waters (bajo y voz), David Gilmour (guitarra y voz), Richard Wright (teclados) y Nick Mason (batería) decidieron estructurar un álbum que funcionara como una sola obra continua. Waters tomó las riendas conceptuales con una idea firme: escribir sobre las presiones cotidianas que empujan al ser humano hacia la locura. Dejaron de lado las temáticas espaciales para explorar, de forma cruda, la psique humana.

En la consola estuvo Alan Parsons, el ingeniero de sonido clave para materializar esta visión. Parsons empujó los límites tecnológicos de la época utilizando grabadoras de 16 pistas, sintetizadores analógicos de última generación (como el EMS VCS 3) y bucles de cinta creados manualmente (como el sonido de una caja registradora para ambientar el tema Money). Esta amalgama técnica permitió crear capas sonoras que envolvían la cruda lírica de Waters.

La identidad visual del disco fue el remate perfecto. Creada por el colectivo Hipgnosis y George Hardie, la icónica portada negra con un prisma que refracta la luz omitió el nombre de la banda y el título del álbum. Una decisión arriesgada que representaba tres elementos: la iluminación de los conciertos de Pink Floyd, las temáticas de las canciones y la ambición desmedida del grupo.

Lado oscuro de la luna
La portada ilustra un prisma que descompone la luz en los colores.Pink FLOYD

Un viaje sonoro: las canciones que marcan el álbum

Más allá de la técnica, el corazón del disco está en sus pistas. Esta es una radiografía de seis de sus temas más emblemáticos:

Breathe (In the Air): Una reflexión sobre la monotonía y la rutina impuesta desde el nacimiento. Su lírica compara la labor humana con la naturaleza de un conejo: “Cava el hoyo, olvídate del sol. Cuando el trabajo esté hecho, no descanses, es tiempo de cavar otro”. Destaca la voz de Gilmour y el uso magistral de una guitarra pedal steel con efecto de volumen, otorgándole un tono etéreo.

Time: “Y un día te das cuenta de que diez años han pasado. Nadie te dijo cuándo empezar a correr, te perdiste el disparo de salida”. Sus primeros segundos sitúan al oyente de golpe: arranca con una cacofonía de relojes reales sincronizados por Parsons. Habla sobre la juventud desperdiciada y el peso de la mortalidad. Se sostiene sobre la base percusiva de Mason y culmina con uno de los solos de guitarra más aclamados de Gilmour. La letra termina de forma tan abrupta como la muerte misma: “El tiempo se acabó, la canción terminó. Pensé que tendría algo más para decir…”.

The Great Gig in the Sky: Siguiendo el hilo narrativo del álbum, esta es una pieza sobre la aceptación de la muerte. Construida sobre acordes de piano de Richard Wright, su elemento central es la desgarradora improvisación vocal de la cantante de sesión Clare Torry, a quien la banda solo le pidió "pensar en el horror y la tristeza". Como dato curioso, solo le pagaron 30 libras por su colaboración, cuota aceptada en la época, pero que la llevarían a Torry a emprender una batalla legal contra la banda para que sea reconocida en los créditos de la canción décadas después. 

Money: Una feroz crítica a la avaricia, musicalmente desafiante por su inusual compás de 7/4. Abre con un innovador bucle rítmico hecho por Waters empalmando cintas con sonidos de monedas y cajas registradoras, e incluye un vibrante solo de saxofón tenor de Dick Parry.

Brain Damage: Aborda el colapso mental. Es una de las raras ocasiones en las que Waters asume la voz principal. La letra ("El lunático está en el césped") es una referencia directa a Syd Barrett, una inspiración recurrente para la banda tras su alejamiento por problemas psiquiátricos.

Eclipse: El clímax del álbum. Sobre un ritmo repetitivo de 3/4, resume que toda experiencia humana bajo el sol está finalmente oscurecida por la locura o la muerte. Cierra con el desvanecimiento de un latido cardíaco que conecta con el inicio del disco, haciendo de su escucha una experiencia en bucle; una técnica que repetirían años después en The Wall.

Gilmour y Waters
Gilmour y Waters en el estudio. Imagen restaurada con IA.tomado de redes sociales

Curiosidades y su huella en la música actual

La genialidad de The Dark Side of the Moon también reside en sus detalles. Las voces habladas que se escuchan de fondo a lo largo de los tracks no son actores; Waters elaboró tarjetas con preguntas existenciales ("¿Le tienes miedo a la muerte?") y entrevistó a quienes caminaban por los pasillos de Abbey Road. 

De hecho, la icónica frase final de Eclipse ("En realidad no hay lado oscuro de la luna. De hecho, toda es oscura") fue dicha por Gerry O'Driscoll, el portero del estudio.

Su legado sigue intacto. La huella de su producción atmosférica y sus transiciones sin pausas puede rastrearse en álbumes fundamentales de las décadas siguientes, como OK Computer de Radiohead, confirmando que el prisma de Pink Floyd sigue refractando su influencia en la música contemporánea.

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