El fanatismo en el fútbol, una fiesta que suele terminar mal

  Buenavida

El fanatismo en el fútbol, una fiesta que suele terminar mal

Esta desmedida pasión provoca enfrentamientos entre hinchas. Conozca cómo evitar que adolescentes y jóvenes terminen inducidos a este comportamiento. 

Fanáticos en un  encuentro de fútbol
FanáticosShutterstock

Esta vez no fue en México. Las riñas entre hinchas sucedían en los exteriores del estadio Bellavista de Ambato. Desde piedras hasta botellas se lanzaban aficionados de Liga de Quito con los del Técnico Universitario. La tensión se podía percibir desde los videos que se viralizaron en redes sociales el sábado pasado.

Fue a tan solo una semana de los enfrentamientos durante el partido jugado el sábado 5 de marzo en el estadio del club mexicano Querétaro contra el Atlas. Una batalla que empezó cuando el marcador iba 0-1 a favor de los visitantes y dejó como saldo 26 heridos y 20 detenidos. Las imágenes violentas dieron la vuelta al mundo y fue inevitable mirar lo que pasa también en cada país.

En SEMANA analizamos con expertos sobre el fanatismo, qué desencadena estos comportamientos, cuándo supone ser una alarma para la sociedad y cómo evitar que llegue a lo peor.

Siguiendo a la masa

Asistir al estadio, llevar la camiseta, saltar y cantar desde las graderías son parte del ritual de los hinchas cada vez que hay partido. Viven la fiesta propia del fútbol.

Víctor Renobell, doctor en Sociología y actualmente coordinador del grado en Ciencias Políticas y Gestión Pública de la Universidad Internacional de la Rioja, explica que esta es una conducta propia de masas. “En un evento con multitudes priman las emociones que llevan a comportamientos más fáciles de contagiar de unos a otros”. Esto se debe a que en estas situaciones hay una despersonalización del individuo, es decir que “deja de ser él de forma individual para convertirse en un granito de arena más de la multitud y hará lo que esta haga”.

Pero a veces hay comportamientos de esa multitud que dañan el festejo. Pasan de conductas sanas a salvajes y se excusan con el pretexto de defender los colores del equipo. “Al ser parte de la multitud, eso hace que el individuo se sienta invencible ante cualquier adversidad. De ahí que inicien comportamientos extremos”, agrega Renobell. Es ahí cuando muchas veces hay desenlaces no deseados entre los hinchas.

Para Pamela Acosta, psicóloga psicoterapeuta especializada en el Albert Ellis Institute de Nueva York, esto es propio del fanatismo. “Podemos decir que es un estado mental en el que la persona está envuelta en una pasión exagerada, desmedida e irracional en la mayoría de los casos. No solo se da en el fútbol sino en diferentes ámbitos, como el político, religioso o antirreligioso. En cualquiera de los casos se propicia la violencia o acciones radicales. Pues ellos consideran que sus creencias son acertadas y superiores y desarrollan un fuerte apego hacia ellas”.

Ahí viene la diferencia entre aquel hincha que alienta al equipo con aquel que ya ha caído en un fanatismo. “Ya no estamos hablando de simplemente una pasión o una emoción, estamos hablando de cómo pasa a convertirse en una obsesión descontrolada, sin límites ni matices”, precisa Acosta.

Al ser parte de la multitud, eso hace que el individuo se sienta invencible ante cualquier adversidad. De ahí que inicien comportamientos extremos

Víctor Renobell, doctor en Sociología. Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).

Un reflejo de las calles y redes sociales

Para Renobell, en una sociedad donde la economía va bien y la situación política es buena, la masa se siente más tranquila. En cambio, “en situaciones de crisis o de malestar social la sociedad necesita válvulas de escape y estas están más descontroladas”, sostiene.

No resulta extraño que en una ciudad donde la violencia está en las calles, el peligro llegue a colarse en otros ámbitos como el fútbol.

Esto ya supone una alarma y más aún cuando hay un espectáculo deportivo en el que estarán dos barras bravas con una rivalidad fuerte.

Sin embargo, en tiempos en los que vamos a la velocidad del wifi, la violencia en las aceras no es lo único que incide; también las redes sociales, algo que se evidencia a través de los ‘haters’.

“Todos en nuestro día a día podemos toparnos con personas que seguramente piensan diferente a nosotros, pero no nos lo dicen al oído en cada momento. En las redes sociales sí. Es un comportamiento que se contagia, solo hace falta que un usuario haga un mal comentario para que salgan cincuenta más diciendo cosas peores”, explica Renobell.

Aquello se convierte en un caldo de cultivo, sobre todo para aquellos que son fanáticos; de ahí que la batalla online luego pase a los estadios.

Revertir la tendencia

Este comportamiento no distingue clases sociales, sin embargo hay una generación que es más vulnerable a caer en el fanatismo. “Los jóvenes son los más propicios, ya que están en un proceso de formación de sus habilidades sociales y les gusta cruzar los límites que les marca la sociedad para reivindicarse”, puntualiza Renobell.

Mientras la vuelta a los estadios se da cada vez más (aun en tiempos de pandemia), es importante prestar atención a las banderas rojas, que son los sucesos vistos tanto en el exterior como a nivel nacional.

Para la psicóloga Acosta, “se puede prevenir este tipo de perfil y comportamientos que representan un riesgo a la sociedad, y en su lugar fomentar la integración desde el aula de clases y en el hogar”.

A continuación da consejos para aplicar con los niños, adolescentes y jóvenes:

  • Respetar la individualidad de cada persona.

  • Fomentar el diálogo abierto, la libre discusión y la comunicación asertiva en el hogar y en el aula.

  • Prevenir el pensamiento absolutista ayudándolos a desarrollar un criterio propio a través de vivencias individuales y significativas.

  • Enseñarles a debatir creencias irracionales.

  • Inculcarles la inteligencia emocional, la tolerancia a la frustración y la empatía.

Los hinchas opinan

  • 1. "Desde que fui a la reinauguración del Capwell en 1991 me volví un hincha más de Emelec y empecé a recolectar notas de periódicos y revistas que aún atesoro. Además, al equipo le debo haber encontrado buenos amigos. Este club son seis letras en mi mente cada día.

Cuando hay partido, no puedo evitar emocionarme. Sin embargo, ni con la adrenalina encima llegaría al punto de agredir a un hincha adversario. No debemos olvidar que todos tenemos un familiar o un ser querido que es hincha de tu equipo rival y tú no quisieras que ningún delincuente le haga daño.

Por eso hay que predicar con el ejemplo y evitar que nuestro balompié se convierta en un campo de batalla”. Humberto Ramírez, hincha de Emelec y creador del sitio web emelexista.com

  • 2. "Mi afición por Barcelona viene de generación en generación. Tanto de mi padre y madre; ella era de la barra del Hombre de la Campana. Puedo decir que soy el pionero en Nueva York, al liderar la hinchada amarilla en Estados Unidos. Desde septiembre del 2003 me dediqué a traer a exjugadores del Ídolo para darles homenaje por su trayectoria. Al momento llevo 18 jugadores, incluido el último arquero, Javier Burrai. Las emociones cada vez que juega mi equipo siguen iguales, nervios antes de jugar, la felicidad después de ganar y la tristeza al perder. En la juventud recuerdo que fui hasta preso por enfrentamientos, pero los tiempos cambian y uno va madurando. Ahora hasta organizamos junto a la barra de Emelec eventos benéficos en Nueva York. Pelearse no vale la pena”. Víctor Pincay, hincha de Barcelona y residente en New York