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En la fundación se ha hecho una reingeniería de las actividades para seguir funcionando.Cortesía

“Aún nos falta cubrir 120 becas para los alumnos”

Lillianne Enz de Wright, presidenta de la fundación Niños con Futuro, cuenta cómo han logrado cubrir la educación de los chicos pese a la crisis

El costo de la formación de cada alumno en la Unidad Educativa Felipe Costa von Buchwald, en Guayaquil, supera los 1.100 dólares al año. Los padres cubren algo más de $ 100; el resto, lo consigue la Fundación Niños con Futuro.

Con la pandemia, la situación ha sido un poco más complicada. La agrupación de ayuda social aún debe reunir fondos para 120 de las 480 becas que cubre en el 90 %. Además, hay quienes requieren que se aporte la totalidad. Antes de la llegada de la COVID-19 ese era el caso de 15 chicos, ahora son 63.

La fundación, que cumple este 15 de octubre de 2021, 25 años de labores, tiene varios planes a futuro y su presidenta Lillianne Enz de Wright cuenta cómo han logrado enfrentar las dificultades.

¿Cuál es la situación actual?

Esperamos regresar pronto a la normalidad. A pesar de que hemos conseguido 480 tabletas que el Municipio de Guayaquil donó el año pasado y de que tenemos la plataforma educativa Idukay para que los chicos puedan estudiar virtualmente, todo ha sido muy complejo en esta época. Ahora estamos probando unas nuevas pantallas inteligentes. Los profesores están dando clases virtuales directamente desde el colegio, pero no contamos con estos equipos para todos los cursos. En este momento hay para 8 y faltan 5.

¿Cuál es uno de sus principales retos en este momento?

Además del retorno presencial con todas las bioseguridades, estamos muy concentrados en saber qué ha pasado con nuestros chicos. Ya tenemos ocho graduaciones del tercer año de bachillerato y para nosotros es importante saber qué están haciendo, de esta manera tendremos una retroalimentación y así mejoraremos la educación. Al cumplir 25 años ya no solo te preocupas por estar bien como colegio sino que quieres ir más allá.

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Las fundaciones han venido atravesando dificultades desde antes de la pandemia y algunas han debido cerrar o están por hacerlo, ¿cómo han enfrentado ustedes la crisis?

La Cena de Vida, que es una de las principales fuentes de ingreso del año, era presencial y debido a la situación decidimos hacerla virtual. Para todo hemos tenido que hacer una reingeniería y reinventarnos. Constantemente estamos pensando en ideas nuevas para poder lograrlo. No ha sido nada fácil. El bingo también se hizo virtual y este domingo se realizará otro por medio de las plataformas de Facebook live y YouTube.

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Lillianne Enz de Wright, presidenta de la fundación, cuenta cómo ha evolucionado la atención que dan a los niños.Cortesía

- Cuando da un vistazo a los inicios de la fundación, ¿cuál es el mayor logro?

Empezamos en una pequeña oficina que mi esposo me prestó. En ese momento no teníamos ningún colegio, sino que comenzamos a ayudar a fundaciones, especialmente a trabajar por los niños de la calle. Poco a poco fuimos armando nuestro propio proyecto y así comenzamos a dar clases en una sala comunal a 35 niños desde primero a sexto grado, donde había tres pizarrones y tres profesoras. Hoy tenemos 482 alumnos, los cuales estudian en 2.019 metros cuadrados para la primaria y más de 3.000 para la secundaria, gracias a un comodato del Municipio de la ciudad.

- ¿Quiénes son los encargados de diseñar las estrategias?

- Son varios equipos, contamos con un directorio que trabaja sin sueldo para buscar la manera de mantener a la fundación y a la unidad educativa. Está también el grupo de voluntariado que se idea la forma de conseguir fondos para las becas.

¿A quiénes dirigen su labor?

A un grupo de niños en situación de pobreza y pobreza extrema, los cuales viven en las zonas marginales de Guayaquil y de sus alrededores, pues también tenemos alumnos de Durán, Salitre y Samborondón.

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También se les enseñan oficios...

Sí. Tenemos talleres de carpintería, de electricidad y de belleza, donde hemos sacado a muchísimas personas adelante porque es una manera de que el colegio les dé un plus y de que salgan con un oficio bajo el brazo.

¿Este año cómo les ha ido con el programa de padrinos?

Este año no hemos podido aumentar el número de padrinos para ayudar a completar todo el dinero que se necesita para que el colegio funcione, pero nos hemos apoyado de otras actividades. Es importante mencionar que aún nos falta por cubrir este año 120 becas para nuestros alumnos.

¿Cuál es el siguiente paso?

Mi ideal sería que todos los alumnos que salgan de la unidad educativa puedan estudiar la universidad. Lamentablemente a veces no es posible por la escasez de recursos, porque los chicos tienen que trabajar para ayudar a sus padres y hermanos o porque se casan y tienen hijos. Pero esa es la meta que esperamos cumplir a futuro, mediante alianzas.