Buenavida

Dominic Barona: “He demostrado de qué estamos hechos los ecuatorianos”

Empezó surfeando en la adolescencia y a sus 30 años ya ha cosechado triunfos. El más reciente, lograr clasificar a Ecuador en los Juegos Olímpicos de Tokio 2021.

Dominic Barona
Dominic Barona es surfista profesional.Cortesía

Bajo el sol de Montañita se adentra en el mar persiguiendo la libertad que le da deslizarse sobre las olas. Lo hace desde niña. Con apenas 7 años, Dominic Barona aprendió a tenerle respeto al agua y tiempo después, a los 13, sus días giraron en torno al océano cuando se convirtió en deportista de alto rendimiento.

Desde entonces, Mimi, como la conocen en la comuna, muchas veces ha hecho flamear la tricolor en el podio. Ha sido múltiple campeona sudamericana; recientemente logró clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 y, por si fuera poco, hoy ocupa el puesto 25 de los mejores surfistas en el ranking mundial.

Mientras desde su lugar natal entrena para sus próximas competencias, conversó vía telefónica con SEMANA sobre este deporte que le ha dejado no solo medallas (sino alguna que otra cicatriz en su cuerpo), pero como dice ella, “surfear es lo que me llena el alma”.

Amó las tablas desde niña

Fue ahí en Montañita, a inicios de los años noventa, cuando siendo niña se introdujo al mar de la mano de su padre Héctor, un buzo profesional.

Él de Guayaquil y su mamá, Genoveva Matute, de Paján, ambos migraron a esta comuna para formar esa familia que alienta a una de las mejores surfistas del mundo. “Mi papá nos enseñó a mis hermanos y a mí el respeto por el mar. Y como vivíamos frente a la playa, aprendí primero a hacer bodyboard, después a surfear y desde entonces nunca más dejé las tablas”.

Su hermano Israel, quien también es surfista profesional, era su compañero de aprendizajes mientras intentaban dominar las olas.

Luego, en la adolescencia, llegó el momento de competir. “Detrás de eso había mucha disciplina. Mi mamá es docente. Así que no podía tener malas notas”, dice entre risas y agrega “ella y mi padre nos enseñaron que la educación y la humildad nos llevarían al éxito”.

Es así como torneo tras otro fue acumulando medallas, y una vez que terminó el colegio, Mimi tuvo que elegir. “Mi mamá me inscribió en la universidad a escondidas porque ella quería que tenga un título para poder trabajar. Fue la oportunidad para sincerarme. Le dije que mi sueño era ser surfista profesional. Al final lo entendió y es hoy una de las personas más orgullosas. Gracias a Dios con lo poco que he ganado he ayudado a mi familia”, confiesa.Pero no solo sus padres se enorgullecen. También esa comuna que la vio crecer. Aquella que la espera con júbilo y la levanta en brazos cada vez que llega flameando la bandera. “El recibimiento es algo que nunca imaginé. Ver sonreír a la gente no solo de aquí, sino también de otros pueblos de la provincia y, sobre todo, ver a los niños que corrían a abrazarme; no encuentro palabras para expresar el orgullo que ellos sienten. Esta felicidad es de todos”, dice emocionada.

Conquistando olas

La ferocidad del agua la ha sacudido y volteado una y otra vez haciendo que Mimi regrese a la orilla. “Al mar lo respeto”, dice.

Así fue aprendiendo a conquistar olas grandes, y siempre encomendada a Dios. “Todo el tiempo lo ocupo para entrenar. Y no solo un par de horas. Prácticamente es mi desayuno, almuerzo y cena. Me despierto a entrenar, a revisar tomas y corregir... Demanda todo el día”.

El sacrificio de sus inicios aún lo recuerda. “Cuando decidimos con mi hermano Israel y Jonathan Chila ir a competir a Panamá, en realidad nos la jugamos. Teníamos dinero para pagar el viaje, la inscripción y comer pero no para el hotel. Al final dormimos dentro de carpas en la arena. Y competimos. Logré llegar a las finales en categoría mujeres”. Pero los obstáculos, la mayoría económicos, no hicieron que Mimi perdiera el interés y se fue desplazando a otros mares. “Cuando quise ser campeona latina empecé a poner la varita más alta. Luego me puse el reto de ser campeona bolivariana y por qué no, pensar en un campeonato mundial. Pero se necesita dinero para salir a representar, contar con buenas tablas de surf (cada una cuesta $ 900 y mínimo hay que tener cinco) y buen equipo técnico. Al inicio fue difícil, mas con el tiempo llegaron los auspicios de las empresas y así pude demostrar afuera de qué estamos hechos los ecuatorianos”.

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Mimi se convirtió en campeona sudamericana de la World Surf League (WSL) en 2018. Y al momento cuenta con 18 medallas, entre ellas 4 de oro, 6 de plata y 8 de bronce.

“Con eso he abierto una nueva etapa en el surf dentro de Ecuador. Nosotros no necesitamos canchas, tenemos unas playas maravillosas, solo requerimos se apoye a las nuevas generaciones con todo lo necesario para ir a campeonatos”.

Ahora sueña con la medalla olímpica. “Considero que es el mayor logro, pero eso en realidad no le quita el mérito a las otras competencias. Cada una tiene lucha y sacrificio. Así como he ganado he perdido. Pero soy muy afortunada de hacer lo que amo. Y es un orgullo llevar la bandera de mi país”.

Y aunque no son muchas las mujeres en el surf, Mimi empieza a dejar huellas y a demostrar que el dominio de las olas puede ser también un modo de vida. 

Dominic Barona
Dominic BaronaCortesía

Sus favoritos

  • Lugares para surfear: Las playas de Ecuador. Luego El Salvador y después Argentina.
  • Su equipo: El mejor de todos es mi familia.
  • Su comida: Mi hermana Christiane es nutricionista. Ella se encarga de armar mi plan alimenticio. No tomo soda ni como carnes o embutidos. Pero no me privo del verde o el encebollado. Sobre todo, los hechos por las manos de mi mamá o las señoras del pueblo. No hay comida más rica que la ecuatoriana.
  • Su rutina: Entreno surf a las seis de la mañana. Tengo horarios de gimnasio, de tres a cuatro días a la semana.

Sobre ella

  • Ecuatoriana de 30 años.
  • Surfista profesional.
  • Campeona sudamericana de la World Surf League (WSL) en 2018.
  • Al momento cuenta con 18 medallas, entre ellas 4 de oro, 6 de plata y 8 de bronce.

“Mi papá nos enseñó a mis hermanos y a mí el respeto por el mar. Y como vivíamos frente a la playa, aprendí primero a hacer bodyboard, después a surfear y desde entonces nunca más dejé las tablas”.Dominic Barona