Arturo Cabrera: La vida de un embajador

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Arturo Cabrera: La vida de un embajador

Al arrancar una nueva misión diplomática, cuenta en SEMANA lo que han significado 33 años de viajes y experiencias inolvidables al servicio del país.

Arturo Cabrera, embajador
Es el embajador de Ecuador en AustraliaCortesía

A Arturo lo conocí cuando éramos adolescentes, la mayoría medio safados y farristas, pero a él lo recuerdo siempre tranquilo, equilibrado y más bien introspectivo. A los 14 perdió a su madre, sin embargo una familia unida y “sólida en principios”, como dice, sostuvieron el golpe. Así empezó a soñar en recorrer el mundo, alcanzando lo que estaba lejos como una meta, sin duda, superada.

Ucrania, cerca del corazón

Imposible no indagar sobre lo que piensa y siente como esposo, padre de familia y hombre, al considerar que su esposa, Tania Fadina -economista y educadora- es de origen ucraniano y que sus tres hermanos y sobrinos continúan en Zaporoshya, a 50 kilómetros de la planta nuclear más grande de Europa, en medio de un conflicto bélico que ha resultado devastador a los ojos del planeta: “Espero que mi hija Emilia jamás deje de indignarse de lo injusto. Vivimos en un estado de tensa calma siguiendo los eventos y hablando con la familia que no puede salir de esta zona. Nos llaman cuando suenan las sirenas de alarma y deben bajar a los búnkeres, sin saber por cuánto tiempo, o si volveremos a hablar”.

En ese escenario, la voz como embajador es también categórica: “Aún existen extremos en cuanto a la valoración de la vida del ser humano, como las recientes guerras fratricidas en pleno siglo XXI. Pero un importante segmento de la población mundial no es indiferente, se indigna, se moviliza de diversas maneras. Las repudia”.

La pareja se conoció en Ginebra hace 20 años y están por cumplir 17 años de matrimonio. Juntos han logrado superar esa vida de altos y bajos que exige una gran adaptabilidad. “Tania tiene sangre gitana, de exploradora y de viajera por haber trabajado y vivido en diferentes entornos culturales. Lleva siempre su arte y música, que son una parte de sí misma. Su vida ha sido, además, un ejemplo para Emilia, nuestra única hija”.

A los 8 años, mi hija enseñó inglés a niños sirios refugiados en Turquía… Con eso toda mi carrera valió la pena.

“La curiosidad y audacia se convirtieron en vocación”

Fue como mochilero que empezó su travesía por el mundo lo que marcó en gran medida su destino. “Esa etapa temprana de sobrevivir y sorprenderme ante un mundo tan diverso, infinito en historias, tradiciones, paisajes, música y sabores me llevó sin dudar y con mucha pasión a esta carrera, en la que puedo servir a mi país”.

Al arrancar, la Academia Diplomática lo becó a Cambridge, Inglaterra, donde empezó una trayectoria académica brillante que siguió en Harvard, Fletcher y MIT. La cereza del pastel fue su PhD en Cooperación en Seguridad e Inteligencia en la Universidad de Leiden. Se destaca que fue el primer ecuatoriano en ser escogido para estudiar diplomacia en la India. “Pero creo que he aprendido más como maestro que como alumno”, afirma.

El embajador junto a su esposa e hija
En compañía de su esposa Tania Fadina y Emilia, su única hija.Cortesía

Lo bueno y lo no tanto

Como diplomático de carrera, el camino, jerárquico y disciplinado ha sido extraordinario. Pero también con grandes esfuerzos vacíos y hasta decepciones, cuenta. Entre los diversos cargos, funciones y misiones cumplidos alrededor del planeta, resalta haber sido ministro y posteriormente embajador en Ginebra; ministro en Holanda -a cargo de las cortes internacionales de justicia- y luego en Turquía. Recientemente fue vicecanciller y canciller subrogante del embajador Luis Gallegos Chiriboga.

En tres décadas suma historias y anécdotas dignas de un libro, como haber sido parte activa de la negociación del cese al fuego con Perú (1995), encabezada por Blasco Peñaherrera en la OEA; o el que haya impedido que los cascos azules ecuatorianos sean retirados de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití, Minustah. El embajador recuerda con emoción la gratitud de refugiados en el desierto del Chad, víctimas de los crímenes de Darfur; y de los niños y jóvenes participantes de programas de reconstrucción de sociedades en los que participó en la Isla croata de Badija, tras la guerra de los Balcanes. “A los 8 años, mi hija enseñó inglés a niños sirios refugiados en Turquía… Con eso toda mi carrera valió la pena”.

Pero hubo momentos difíciles de sortear. Como cuando, por ejemplo, debieron permanecer varios días en el suelo de un corredor durante el bombardeo a Radio y televisión turca (julio de 2016), ubicada frente a la residencia en Ankara. “La fe y el apoyo familiar han permitido que los momentos difíciles se hayan convertido en experiencias de aprendizaje”.

Nuevos retos

Con su experiencia, el flamante embajador ante Australia, con concurrencia en Nueva Zelanda y Fiyi, considera que, al armar una estructura de trabajo con hojas de ruta claras, los resultados seguramente serán positivos a nivel país: “No hay región en la que se aplique de mejor manera y con mayores ventajas para el Ecuador, la propuesta de acercar al país al mundo y viceversa que Oceanía. Vamos a romper el mito de la lejanía y aprovechar las potencialidades y la experiencia de Australia y Nueva Zelanda que gozan de estabilidad jurídica y democrática, de mercados con gran capacidad adquisitiva y que invierten cifras récord en innovación y tecnología”.

Cara a Cara

  • ¿Un embajador muy consentidor como padre?

Con Emilia no necesito nunca ser exigente, desde muy niña aceptaba los 'no'. Habla cuatro idiomas, ahora empezó con el chino mandarín. Ella es mi mayor motivación, fuerza y felicidad.

  • ¿Cómo es su dinámica de vida familiar?

Nos apasiona conocer y explorar los lugares en los que vivimos o a los que viajamos. Hacemos del trabajo, del colegio y de la casa oportunidades para compartir y crecer juntos.

  • ¿Qué le falta por cumplir en la vida?

Estar con mi hija mientras camina hacia la adultez y me necesite.

  • ¿Alguna anécdota graciosa?

Una ocasión, en Islas Mauricio, bajé de mi habitación a la sala de reuniones con terno y pantuflas. ¡Seguramente efectos del jetlag! No me moví hasta que todos salieron.

  • ¿Hasta cuándo este ir y venir?

No podría pensar en un fin. Es ya nuestra forma de vida.

  • ¿Qué destino es un pendiente?

Definitivamente ir a la Antártida.

  • ¿Quisiera que Emilia siga sus pasos?

No. Quisiera que siga los de ella.