Adolfo Olivares junto a unas de sus mascotas
Adolfo y una de sus mascotas. Todos sus canes están esterilizados. Los pequeños pasan en su dormitorio y los grandes en la terraza.Cortesía

Adolfo Olivares, el rey de la camada

El cantante de salsa tiene 21 perros a los cuales considera sus hijos. Cada uno tiene una historia particular. 

El cantante de salsa Adolfo Olivares tiene dos pasiones, la música y los perros. Su vida gira alrededor de sus presentaciones y de sus 21 canes rescatados a los que cuida como si fueran sus hijos. El llamado 'Ciclón de la salsa' recuerda el lugar y el momento exacto en que se encontró cara a cara con aquellos perros necesitados de amor y la tibieza de un hogar que él y su esposa les han otorgado.

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Son muchos los casos que lo han conmovido al punto de derramar lágrimas cada vez que relata sus historias. Uno de ello es Tizoc, al que halló, hace dos años, deambulando por su casa a punto de desfallecer por la deshidratación y el hambre. 

Olivares recuerda que cuando decidió ayudarlo, el perro estaba tan débil que se desplomó. Lo acarició, le dio agua que tomó con avidez, lo alimentó, una vez que recuperó el ánimo lo llevó a su veterinario de confianza. Tizoc estuvo en cuarentena donde recibió los cuidados necesarios, diez días después había vuelto a nacer.

Cuando finalmente llegó el momento de recogerlo, el perro se lanzó agradecido a sus brazos. Actualmente es el guardián de la casa y el que recibe a las visitas. Disfruta de los paseos en el parque dos veces al día. En definitiva, es una mascota que derrocha felicidad.

"Ellos no piden nada más que ser felices, que alguien les dé un hogar, que alguien se conduela de su situación. Que les pongan un bandeja con agua o que les den de comer. No es el hecho de postear una foto o subir un vídeo y esperar a que alguien más haga algo, sino de que tú lo hagas en la medida de que puedas. Eso es lo que realmente cuenta, porque para un perro o un gato es la vida o la muerte", recalcó el cantante.

Adolfo Olivares junto a unas de sus mascotas
La limpieza de la casa es absoluta, se la realiza tres veces al día.Cortesía

Otro caso es el de Maelo Teletón, un can que rescató de manos de un vendedor cuando se dirigía a una presentación en la teletón de Daule. Era un cachorro que estaba expuesto para la venta bajo un sol canicular. "Yo tenía contacto con TEA, me acerqué al tipo y le dije que era de la sociedad protectora de animales, lo amenacé con llamar a un policía para que lo metiera preso, me dijo que no lo perjudicara que de eso vivía, le di 10 dólares y cogí a Maelo, también débil y desnutrido. Era un perrito mezclado. Estuvo conmigo en la Teletón, por eso le puse ese nombre", sonríe.

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Aunque admite que siempre le cuesta llevar un nuevo can a su hogar, también le resulta imposible ver sufrir a un animal y hacerse de la vista gorda. Este pensamiento lo lleva hacia su primera perra que compró en la calle para evitar que siguiera en manos de los vende-perros. Era una french poodle que lo acompañó 13 años. Luego llegó el resto, cada uno con su historia particular. 

"Están los que nacieron en casa, los que me regalaron y los recogidos", detalla Olivares. En su camada está Leotaro un hermoso perro labrador que rescató de manos de un chambero que lo violaba, cada vez que se drogaba; Dulce, una beagle, fue adquirida en 400 dólares en un mall. De ella dice que aunque la compró, la rescató de una muerte segura porque sino era vendida la dormirían; Sultán, era un cachorro de meses cuando lo encontró en el 2013 en la carretera camino a un show en Guaranda. Le puso ese nombre en homenaje a un perro golpeado y sarnoso que rescató y que 5 meses después falleció; Blaky, lo halló una madrugada, hace 4 años, al pie de la puerta de su casa en mal estado, es el más engreído de todos.

Todos sus canes están esterilizados. Los pequeños pasan en su dormitorio y los grandes en la terraza. La limpieza de la casa es absoluta, se la realiza tres veces al día.

"Mis hijos ya están adultos. Creo que Dios nos permite a mí y a mi esposa ese amor por los animales. Sé que los milagros existen y nos les falta nada. Los que tenemos nos van a durar por lo menos entre 10 y 12 años más y para entonces mi esposa y yo habremos hecho lo mejor, nunca vamos a dejar de ayudarlos, pero seguir adoptando, ya no", recalcó Adolfo quien no cambia la compañía y el amor que recibe de sus canes por nada del mundo.