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Zares en lugar de comunistas
¿Nostalgia? Hace veinticinco años -lo suficiente para que mucha gente deje precisamente de tener nostalgia- se desintegró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Dos años antes se había derrumbado el Muro de Berlín, símbolo no solo de la Guerra Fría sino, sobre todo, de un sistema que paradójicamente en nombre de la igualdad, sacrificó libertades y destinos por un proyecto que nunca se pudo realizar.
El fin de la URSS fue visto, por el mundo occidental como la conclusión de una etapa y el comienzo de otra nueva que auguraba libertades y tolerancia.
¿Qué significó para los rusos y para los ciudadanos de los países que conformaban el bloque? No demasiado para los rusos en primer lugar, si se toma en cuenta el respaldo que tiene el actual presidente de Rusia, Vladimir Putin, que calificó a lo sucedido como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo”.
Como señalaba Pilar Bonet en El País, de Madrid, en su reseña del acontecimiento, la ideología imperante en Rusia actualmente es la de que ese acontecimiento y la etapa que abrió no fueron precisamente de optimismo sino de humillación. Como consecuencia de la desintegración de la URSS, Rusia habría perdido influencia y reconocimiento. De ahí el retorno con Putin al águila zarista y al himno soviético. Casi ocho décadas de gobiernos marxistas surgidos desde la Revolución de Octubre resultaron insignificantes frente a los siglos de tradición zarista. Las glorias de familia deben ser resistentes al tiempo.
Hubo un gran perdedor de los sucesos de agosto: Mijaíl Gorbachov, aparte por supuesto de los autores del golpe fracasado. No lo vio así Occidente, que lo identificó como paladín de las libertades y le dio tribuna permanente para hablar de la nueva cultura imperante en el mundo.
Putin también tiene nostalgia. Pero no entonces de ese capítulo final de la gran confederación que, según él, solo mostró la debilidad a la que se había llegado.
Por eso, Zares en lugar de comunistas, de Bonet, es una buena clave para entender a la Rusia actual y a sus juegos de poder mundial.
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