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Nos volvimos peligrosos
El tema que nos conmueve en estos momentos, digno de las más rojas de las crónicas de ese color sangriento, es el misterioso asesinato de dos jóvenes argentinas cuyos cadáveres fueron encontrados en el tan a la moda balneario de Montañita. Y uso el término “misterioso”, propio de la literatura policial, por cuanto se ha hecho pública la duda, ojalá sea infundada, en torno a las afirmaciones de las autoridades que dependen del Ministerio del Interior, luego de que, batiendo un récord policial, casi en menos de 24 horas se identificó y apresó a los dos presuntos autores del doble crimen. Las tres versiones contradictorias de uno de los implicados dejan mucho qué pensar en cuanto a que este hecho de sangre haya tenido ya una solución y que solo falte la acción de los jueces para que decidan la pena a imponer, se supone que máxima (ya que supone también un crimen contra el prestigio internacional de nuestra nación), a aplicarse a dos ciudadanos que, al parecer, no tienen antecedentes delictivos y, por el contrario, eran considerados por la comunidad en que vivían como personas normales y hasta afables.
Lo grave del caso es que este hecho criminal ha provocado la preocupación de las autoridades norteamericanas, al punto que el consulado de ese poderoso país ha recomendado a sus ciudadanos (cerca de 80 mil residentes y más de 300 mil turistas ocasionales cada año) extremar medidas de seguridad para protegerse de una delincuencia que ha crecido notablemente en estos últimos tiempos. Una recomendación que, por supuesto, se tiene que haber difundido por el continente y por todo ese mundo de donde nos llega un gran flujo turístico que se trata de incrementar como una de las principales fuentes de ingreso, tan necesarias sobre todo en estos tiempos de las “vacas flacas”. Y es que el crimen de Montañita sirve también para recordar el crecimiento de la acción delictiva en los diferentes puntos del país, con asaltos y crímenes casi a diario y la existencia de un sicariato que antes no lo sufríamos en carne propia, puesto que lo conocíamos solamente por referencias llegadas desde Colombia. Producto esta situación, indudablemente, de la actividad de los narcos y de la crisis económica que lleva al desempleo.
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