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Una visita que deja una ensenanza
En días pasados estuvo en el Ecuador la fiscal general de Guatemala. Esta funcionaria llevó adelante una rigurosa investigación que devino en un desenlace jurídico que terminó con la destitución del mandatario que la nombró.
En su visita, la fiscal guatemalteca se refirió en varias ocasiones a la consideración en que ha fundamentado su desempeño en tan alto y delicado cargo: la necesidad de una separación de funciones como garantía para el ejercicio de la democracia. Para ella asoma como obstáculo insalvable el hecho de que en una nación se opere el fenómeno de concentración del poder. Si aquello ocurre, sostuvo, la lucha contra la corrupción sería imposible y las proclamas oficiales en ese sentido no pasarían de ser meros discursos demagógicos.
La palabra de la importante funcionaria judicial y su desempeño se han difundido en la región como muestra indiscutible de la transparencia y entrega moral con que deben actuar las autoridades encargadas de preservar la paz social y la justicia.
La fiscal fue entrevistada y el contenido de sus declaraciones llegó a gran parte de la población. Una mujer con esos atributos, ese carácter y esa manera de enfrentar los enormes retos de su gestión, marca sin duda un referente insoslayable para cualquier ciudadano que tenga en sus manos la facultad de actuar en el complicado campo de la justicia.
La tarea de ella y de las personas de su similar nivel es, obviamente, peligrosa. En su país, ella y su familia han sido amenazadas de muerte. Pero ni ese riesgo, ni las continuas presiones que ha sufrido para que sus pronunciamientos se orienten a favor de los intereses en juego, han obstaculizado su comportamiento enmarcado en la responsabilidad, el honor, la dignidad y el patriotismo. Le ha tocado sortear más de una dificultad, si tomamos en cuenta el escenario nada pacífico en que se desenvuelve Guatemala, que ha estado atravesada desde hace mucho tiempo por una larga e implacable guerra civil, que la convirtió en un candente y muy peligroso territorio, con confrontaciones mafiosas y una incisiva acometida del narcotráfico.
El encomiable papel de esta servidora pública debe ser tomado en cuenta como una realidad en condiciones de ser replicada en los demás países. Un real combate a la corrupción y al turbio manejo de los asuntos del Estado.