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La vida que pende del semaforo

Los semáforos son un salvavidas para eludir un agitado mar llamado desempleo, pero cuando la luz roja dura poco los comerciantes tienen que soportar una ola más.

Productos. Los trabajadores informales ofrecen una gran variedad de productos comestibles, electrónicos y accesorios para el hogar a los conductores

Los semáforos son un salvavidas para eludir un agitado mar llamado desempleo, pero cuando la luz roja dura poco los comerciantes tienen que soportar una ola más.

Uno de los puntos de encuentro para varios de estos comerciantes es la avenida del Bombero y la calle Leopoldo Carrera, en Los Ceibos, frente al McDonald’s y Megamaxi, donde una veintena vocea a diario cientos de productos a los conductores: jugos, botellas de agua, legumbres, fruta, aplanchados, manjar, rosquitas, maní con sal, mango verde, aguacate, protectores solares, cargadores y más.

Los vendedores, cual atletas, zigzaguean los carros que se estacionan por un minuto mientras los semáforos están en rojo. Sin embargo, los pocos segundos que ahora tienen para vender los perjudica.

Rigoberto López, quien lleva más de 20 años vendiendo agua en esta avenida, afirma a EXPRESO que las ordenanzas municipales y el bloqueo de calles (principalmente la Leopoldo Carrera) provocó una reducción de vehículos en el sector, mientras nuevos comerciantes llegan a hacer más competencia. “Los comerciantes siguen llegando, nada los detiene, pero las ventas son pocas y han caído los ingresos”.

José C. es vendedor de limones, ciruelas y artículos de playa. Lleva 10 años en este sector. Él encontró en este sitio un refugio para sostener la economía de su casa. Sin embargo, son más de las 15:30, hora que usualmente marca el cierre de su jornada de trabajo, y aún no ha vendido ni la mitad de sus productos. “Las ventas han caído un 50 %, y este es el sustento de toda mi familia. Antes vendíamos diariamente 80 dólares, ahora no llegamos ni a $ 35. Con este trabajo intento pagar el estudio de mis hijos”, afirma.

Al norte de la ciudad, en el semáforo de la avenida Guillermo Pareja, a la altura de la calle Benjamín Carrión, la gran cantidad de vendedores se encuentra en las mismas condiciones: buscan llevar “unos cuantos dólares a casa”.

Manuel Yascaribay tiene 28 años, desde los 14 comenzó a vender informalmente de todo, desde dulces hasta productos electrónicos, y ahora sus ingresos los destina para sus cuatro hijos. “La calle es un medio de empleo para el que quiere trabajar, aquí vienen de todos lados. Yo no puedo ganar un sueldo básico. Aquí hay vendedores que tienen muchos hijos y este es un medio para sobrevivir”.

Otros como Adriana de la Rosa, quien vende jugo de boldo, inició hace dos semanas a vender informalmente. “La razón de que esté aquí es el desempleo, soy madre soltera. Tengo que llevar aunque sea 10 dólares a casa”. Así como ella, muchos han llegado buscando una salida a la crisis.