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El vicepresidente y la honestidad

El país se acostumbró tanto a conocer de actos de corrupción mediante el saqueo de recursos públicos, que las declaraciones del flamante vicepresidente de la República en su primera entrevista en el programa Desayunos, de Teleamazonas, en la que expresó que anhelaba ser un ejemplo de honestidad en el ejercicio de su alto cargo, pasó inadvertida y no mereció la debida valoración de la ciudadanía.

Asimismo, al agradecer su designación a la Asamblea Nacional, su discurso fue notoriamente sincero; es decir, el vicepresidente se muestra ante el país como una persona honesta y sincera, virtudes o atributos que no son (salvo excepciones que sí las hay), cualidades que practican los actores políticos, cada vez más preparados para seducir vía ofertas sin sustento a los electores, o para realizar una crítica altisonante, ácida o descalificadora a sus permanentes u ocasionales adversarios.

Adicionalmente, hay que destacar que el vicepresidente Otto Sonnenholzner exhibe una hoja de vida que siembra esperanzas en la gran mayoría silenciosa de ecuatorianos. Proviene de una familia decente vinculada a la actividad productiva y la comunicación, lo que le permite conocer realidades que muchos políticos militantes desconocen. Aquello explica que el único cuestionamiento que se hizo a su candidatura fue la falta de activismo en el poco acreditado mundo de la política.

Lo antes señalado constituye un aval para que el nuevo vicepresidente genere confianza y credibilidad, lo que oxigena y fortalece la democracia en un escenario social como el ecuatoriano, donde pocos dirigentes políticos pueden exhibir antecedentes transparentes. Tan devaluada está la palabra en el Ecuador, que “hay pícaros con dudosos antecedentes hablando de honorabilidad para que otros rateros no les hagan competencia”, por ello es destacable que el presidente Lenín Moreno haya acertado en esta ocasión al escoger al vicepresidente, después de haber tenido a un(a) compañero (a) lamentablemente vinculados con actos reñidos con la moral.

Hay razones para creer en una gestión ecuánime y patriótica del flamante vicepresidente.