Venezuela: el comienzo del fin

  Actualidad

Venezuela: el comienzo del fin

La tragedia que viven los habitantes de Venezuela desde hace varios años y que no hace sino agravarse cada vez más, es una de las acusaciones más formidables contra los populismos latinoamericanos, en primer lugar el del siglo XXI, y los mesianismos redentores políticos que irrumpen prometiendo progreso y terminan haciendo pagar amargamente a los demás el precio de la utopía.

Toda tragedia sin embargo requiere héroes que son los ciudadanos que marchan una y otra vez en las ciudades venezolanas y que son reprimidos a sangre y a fuego por los cuerpos de represión gubernamentales que disparan a sus propios nacionales.

En el actual gobierno venezolano se han concentrado el cinismo y la matonería. El régimen no reconoce de ninguna manera su incapacidad para velar por la vida de sus compatriotas; tampoco le preocupa en absoluto el desastre al que ha llevado al país. No tolera “ninguna intromisión” en los asuntos soberanos del país pero tiene bien claras las reglas de la geopolítica petrolera que le ha permitido captar sin problemas la adhesión de muchos Estados latinoamericanos que subordinan sus intereses a los del régimen de Caracas.

Uno de los protagonistas de la tragedia venezolana es el gobierno de Cuba. Resulta por lo demás ingenuo el saludo y las congratulaciones de muchos de los gobiernos latinoamericanos por la admisión de Cuba a la OEA, cuando la injerencia del régimen isleño ha sido manifiesta en la conformación y apoyo del chavismo desde sus orígenes. Contradicción imposible de entender: ¿por qué celebrar el retorno de un gobierno a una institución democrática cuando este apoya frontalmente políticas desestabilizadoras de la democracia?

Hasta ahora, la concentración de poder del régimen venezolano y su alianza cubana han hecho fracasar a la OEA y a su presunta influencia democratizadora en la región. La publicación y sanciones de altos dirigentes chavistas como narcotraficantes o lavadores de dinero no disminuyen la represión en las calles. Más que nunca, las preguntas por una salida a corto plazo se vuelven dramáticas.