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Los vecinos reviven con color y trazos ‘El bosque’ de La Pradera
El parque cambió sus paredes grises por un mural de caricaturas e ilustraciones. El objetivo fue recuperar y darle vida al barrio. Participaron treinta artistas.

Aunque lo anhelaban, jamás pensaron que volverían a tener el mismo parque donde, siendo chicos, se perdían horas jugando. ‘El Bosque’ de La Pradera 3, ubicado al sur de Guayaquil, ya no es más un sitio oscuro que aglomera, como lo hizo hasta hace poco, a adictos e infractores. Hoy es un lugar lleno de color. Y que fue intervenido por decenas de artistas y moradores el fin de semana, precisamente para recuperar ese espacio que, aseguran, lo habían perdido.
Bosque de colores. Así se llamó la actividad, liderada por el muralista Gabriel Peña, que logró transformar los recovecos y paredes antes abandonadas (y grafiteadas) en un enorme mural de figuras y retratos artísticos.
Aún el trabajo no está del todo terminado. Son casi 800 metros cuadrados en los que se prevé plasmar arte para “salvar al barrio”. Pero hoy ya se ven desde mariposas pintadas con los tonos del arcoíris hasta retratos de niños y caricaturas conceptuales, como la elaborada por el diseñador gráfico Javier Pérez, de la plataforma ‘Cintascotch’, que muestra un sencillo trazo de un pequeño volando apoyado de un globos hecho de uvas.
Para Peña, esta labor que fue gestionada con fondos propios de los 30 artistas participantes y una que otra donación de la empresa privada, les permitirá convertir el lugar en un punto de encuentro vecinal.
“A través del arte se identifica una ciudad. Hacerla entonces colorida, eliminando el concreto, la vuelve mágica y facilita la integración”. El arte, además, es una herramienta de cambio hacia lo positivo, agrega. “Vivir en un entorno cálido, con miras a ser turístico, que es lo que quisiéramos, ayuda incluso a combatir problemáticas sociales, como la drogadicción, la delincuencia”, que tantas cicatrices, a juicio de los vecinos, ha dejado en el barrio.
En un reportaje anterior los urbanistas y arquitectos Efraín Miranda y Héctor Hugo, dieron fe de que al transformar un espacio público cambia la psicología social de la comunidad, lo que contribuye a reducir los actos de violencia, puesto que los vecinos mejoran su percepción de la seguridad.
Peña lo corrobora. En sus viajes al exterior, manifiesta, donde ha graficado una serie de ilustraciones, personas que han abusado del alcohol y las drogas han participado de este tipo de jornadas. Y el resultado ha sido evidente, señala. “Han pedido que los guíen, incluso vía mail, para que puedan replicar la actividad en otras regiones de su país”.
Para Ana Villamar, una de las fundadoras de La Pradera, vivir rodeada de mosaicos la incentiva a no quedarse más en casa. “Si tengo todas estas postales en frente, por qué me he de quedar”, manifiesta, al tiempo que solicita al Cabildo a que instale más luminarias en el área a fin de “que todos puedan ver, hasta largas horas de la noche, esa obra de arte”.
Así el proyecto, que fue plasmado también en las fachadas de cinco viviendas de las manzanas 116, 117 y 118 (que hoy tienen estampadas aves de colores, girasoles y guitarras) y prevé replicarse en ciudadelas del norte, como la Alborada y Sauces, concluirá en los próximos meses con la instalación de un mariposario construido por la Universidad Agraria, y una glorieta de lectura fabricada por la Universidad de Guayaquil.
Actualmente en el bosque los dibujos se siguen multiplicando. Y los autores no son más que los mismos habitantes que, como Noemí Chiluiza, están explotando lo que su ingenio les permita.