La unidad de los cristianos

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La unidad de los cristianos

Desde una visión laica de la vida, que asume la conveniencia de separar al Estado de las cuestiones vinculadas a lo religioso -para que la libertad de expresión en su faceta de libertad de cultos cobre plena vigencia- es grato destacar el esfuerzo del papa Francisco por unir a los cristianos y también por mantener el mayor diálogo interreligioso posible.

Si él continúa avanzando en ese propósito, su contribución a la paz del mundo bien le merecería el Premio Nobel. Con mayor razón todavía cuando él busca que esa paz se cimente en la justicia, entendiendo que, tal cual rezaba en un anillo pontificio, la paz es obra de la justicia, esto es, que sin avanzar en la justicia no se avanzará en la construcción de la paz.

Por supuesto, el esfuerzo requiere tenacidad y el jesuita argentino la posee. Sabe que la situación actual del mundo no está como para celebrar. La injusticia y la guerra son visibles “urbe et orbi” y muchos de los conflictos tienen un origen en discrepancias de carácter religioso derivadas en manifestaciones fanáticas.

Por suerte, un avance innegable se da en declaraciones valientes del papa como aquella de que no es lícito matar a nombre de ningún Dios. Esa expresión supera las visiones tradicionales sobre “el único Dios verdadero”, que alimentaron el odio, olvidando la doctrina que manda: no matarás e insiste en que: “aquel que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su prójimo, es un mentiroso.”

Si el cristianismo es, más allá de lo vinculado a sus significados teológicos, sobre todo, amor al prójimo (al próximo y también al lejano), su unidad puede ser un factor que contribuya enormemente a la construcción de la paz, a despecho de los fomentadores de la violencia y el crimen en el nombre de “su Dios” y en beneficio de los mercaderes de la muerte.

Bueno es entonces destacar la decisión del diálogo entre aquellos que estuvieron distantes en razón de vanidades y tentaciones hegemonizantes. Bueno que un jesuita sudamericano lo haya entendido así.

Ojalá (quiera Alá) ese ejemplo de comportamiento inspire a las naciones y a los pueblos. Shalom.

huertaf@granasa.com.ec