Trump: riesgo en desarrollo

No son unos cuantos adolescentes desubicados quienes profieren acusaciones de violación constitucional contra el comportamiento del presidente Donald Trump, cuando luego de posesionarse de su alto cargo tomó medidas que han irritado a buena parte de sus connacionales.

No son unas cuantas mujeres las que lo acusan de no respetarlas en sus derechos adquiridos, luego de largas y fatigantes jornadas de lucha y de manifestarse masivamente en la capital de los Estados Unidos y sus principales ciudades, pero también en las capitales europeas y otros conglomerados urbanos.

No son únicamente los medios de comunicación agredidos durante el período de campaña y ahora acusados de un comportamiento adverso en razón de sus resentimientos, precisamente derivados de la derrota de los candidatos rivales a Trump, que ellos apoyaron, quienes lo censuran. Son también múltiples las voces que, desde gobiernos amigos de los Estados Unidos, están dejando ver su repudio a las primeras medidas, relacionadas con la libre circulación de las personas, por ejemplo, y que se están haciendo escuchar y vigorosamente.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, para singularizar en él una posición compartida por el Viejo Continente, ha expresado ante la situación generada con el advenimiento de Trump al frente de la primera potencia mundial, que Europa debe prepararse para enfrentar un escenario sombrío, y se atreve a definir dicho escenario como una amenaza que se suma para la Unión Europea a las que, según su visión, representan “la asertividad china, la agresividad rusa y el islamismo radical.”

Lo actuado en relación a México, la ratificación de lo hecho y muchos de los recientes nombramientos, algunos de ellos aún sin confirmar por parte de los cuerpos legislativos, han configurado un clima de enorme tensión interna e internacional, que ya se ha traducido en lo doméstico en demandas judiciales contra su decreto sobre inmigrantes y refugiados, elaborado y suscrito con enorme atolondramiento, meditado en sus resonancias políticas y en la voluntad de brindarles a sus electores la certeza de que todas las promesas de campaña serán fielmente cumplidas, pero no en las complicaciones que la falta de atención a los detalles ocasiona siempre. Es de esperar, que la reacción producida morigere el ímpetu actual.