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Tras tres dias de espera por acuartelamiento, mas de 1.000 aspirantes se quedaron fuera
El llanto desconsolado de Lourdes Murillo se escuchó ayer en los exteriores de la Base de Movilización Occidental. Allí llegó a las 08:00 para despedir a su hijo Yardy Ramos, de 18 años, quien se presentó para acuartelarse.

El llanto desconsolado de Lourdes Murillo se escuchó ayer en los exteriores de la Base de Movilización Occidental. Allí llegó a las 08:00 para despedir a su hijo Yardy Ramos, de 18 años, quien se presentó para acuartelarse.
Junto a ella estaban otros padres, esposas, novias, familiares y amigos de aproximadamente 2.000 jóvenes nacidos en 1994, así como a los remisos de los años 1995 y 1996, quienes desde el jueves pasado pernoctaron en los exteriores de la entidad para obtener uno de los 1.042 cupos que serían distribuidos en Guayaquil.
Los jóvenes fueron sometidos a varias revisiones: antecedentes personales, registros de datos, chequeos médicos generales, exámenes de VIH y sicológicos. Yardy pasó todos estos filtros antes de abordar el autobús que, pasadas las 11:30, lo condujo al Batallón de Selva N° 62, en Zamora Chinchipe.
Junto a él viajaron 50 jóvenes más. Uno de ellos fue Kevin Medina, de 18 años, quien desea quedarse en el Ejército realizando alguna actividad.
Él es bachiller en Informática y señala que no tiene trabajo. “Prefiero estar en el cuartel en vez de estar vago. Ojalá allá encuentre algún rumbo”, dijo.
En cambio, Jorge Fernández dice que necesita la cédula militar para conseguir un empleo.
Pablo Maruri, jefe de la Base de Movilización Occidental, indicó que el servicio militar no es un camino para encontrar trabajo en las Fuerzas Armadas. “Aquí se les da el entrenamiento y capacitación para conformar las reservas de esta institución”. MTM