El transito, el mal creciente de La Puntilla

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El transito, el mal creciente de La Puntilla

Comisión de Tránsito. 32 agentes controlan el tránsito en el tramo de La Puntilla hasta Ciudad Celeste; y 17 desde esa urbanización hasta La Aurora, Daule.

Como se observa en la gráfica, la congestión no solo contamina a la arteria principal, sino también a las intersecciones que conducen a centros comerciales.

Movilizarse por la avenida Samborondón no es tarea fácil. En horas pico, como lo ha publicado en ocasiones anteriores EXPRESO, los residentes y visitantes pueden tardar hasta una hora para recorrer apenas cuatro de los 10 kilómetros que tiene la arteria. “Es estresante, horrible tener que estar metidos siempre en embotellamientos. El tráfico de La Puntilla no da tregua”, coinciden.

Y aunque se construyó en mayo un nuevo puente, el que une a Guayaquil con Samborondón, para mejorar el fluido vehicular, y el viernes se habilitó el paso a desnivel -parte de la obra complementaria al puente- para reforzar aún más ese objetivo; a decir de los expertos, aunque aliviarán la congestión, no la eliminará. “Para lograrlo hay que hacer mucho más, hay que trabajar en obras integrales”, advierte Luis Alfonso Saltos, arquitecto y especialista en planificación urbana.

Sofía Carbo vive en la ciudadela Tenis Club y a diario demora casi 40 minutos solo para salir hasta el puente de la Unidad Nacional, que la conduce a su trabajo. Esa situación, advierte, la ha llevado a barajar la idea de regresarse a Guayaquil.

“La inoperancia y la falta de planificación de las autoridades nos está matando. Este es un sector bonito, sí, de muy alta plusvalía, pero ese tráfico caótico que experimentamos cada día me tiene mal. Yo me cambié a este sector para vivir más tranquila, pero no me siento así...”. Carbo considera que es necesario, “urgente”, que La Puntilla cuente con al menos una vía alterna más por la que puedan trasladarse. “Tenemos una sola vía de acceso, allí el más grande problema”, sostiene.

Daniel Letamendi, residente de Entre Ríos, hace hincapié en cambio en que no se edifiquen ya más centros comerciales: hay al menos 15. Y son ellos, advierte, los que colapsan la zona.

Viviana Sarmiento, quien vive en la ciudadela Pórtico del Río, en el kilómetro 3,5 y ha sido testigo y ‘víctima’ de esta sobreoferta, atribuye el pesado tráfico que se genera a la “mala ubicación” de las plazas. “Deberían parar, poner un límite, no podemos estar así”, indica.

No obstante, el Municipio de Samborondón, en reiteradas ocasiones, al ser consultado sobre el tema, ha manifestado que incluso todavía hay áreas destinadas para el comercio que no se han desarrollado totalmente.

Los residentes lo lamentan, pero advierten que no permitirán que se construyan más plazas en sitios donde no hay más cabida. “Si en Puerto Azul en vía a la costa, Guayaquil, los vecinos levantaron la voz, acá también lo podemos hacer. Y es que miren, no hay cabida para uno más”, se queja Roberta Caputti, residente de Ciudad Celeste.

Saltos lo reconoce y atribuye el problema a un factor esencial: la falta de planificación urbana, inmobiliaria y comercial. “Allí, a partir de una vía principal, se desarrollaron urbanizaciones (más de 130) y no se dotó de vías secundarias ni terciarias de conexión; entonces todo el peso vehicular lo recibe una sola avenida, el volumen vehicular es superior al ancho de la vía”.

Para Saltos, la solución está en la planificación integral. Y considera que, tal como opinaron algunos residentes en un reportaje anterior, el recién habilitado paso a desnivel no le dará un respiro a la zona.

“Estas son obras aisladas, no son parte de un programa de movilidad integral, pensada en el desarrollo urbano, ambiental”. El paso va a permitir que haya más flujo vehicular, agrega también la arquitecta Sharon Rodríguez, especialista en urbanismo, pero no generará una solución real.

“La obra solo secciona el problema en dos vías. ¿Qué quiero decir con esto? Que ahora se percibirán dos caravanas repletas de autos que se desplazarán por la vía principal y por la que los conducirá a Guayaquil desde La Puntilla, vía Daule o La Aurora en la mañana y en contraflujo a partir de las 17:00; al igual que ahora”, precisa.

Por ello, para Rodríguez una de las soluciones está en usar más el transporte público, pero uno de calidad, para que los habitantes se sientan seguros al utilizarlos. También considera oportuno ampliar las aceras para que los residentes puedan caminar sobre ellas, “algo bastante complejo hoy”, y dotar al lugar de ciclovías seguras a lo largo de la avenida.

“Sería bueno que exista un servicio gratuito de movilidad con bicicletas que les permita, por ejemplo, a los jóvenes movilizarse a la universidad y centros comerciales... Sería una opción viable”, enfatiza.

Quienes ofrecen el servicio de taxi en el sector conocen bien lo fatídico que resulta movilizarse en la avenida Samborondón, especialmente en horas pico.

Carlos Arboleda, taxista, relata que, al igual que Carbo, durante las mañanas entre las 07:00 y 08:00, él tarda hasta casi una hora o más en recorrer desde Ciudad Celeste hasta el Puente de la Unidad Nacional.

“He tenido pasajeros que pierden la paciencia en el camino y gritan porque van tarde a su destino, pero uno no tiene la culpa. Además, la espera hace que uno consuma más combustible con el uso del aire acondicionado. Todo se complica”.

Desde la administración municipal, José Yúnez, alcalde de Samborondón ha reiterado en varias ocasiones que la construcción del puente elevado que une Guayaquil con Samborondón y el que se construye a la altura de La Joya, también con conexión hacia el Puerto, además de la aerovía desde Durán, mejorarán la fluidez del tránsito.

Sin embargo, los expertos discrepan. Alfredo González, ingeniero civil, considera que las obras viales son una respuesta temporal al confrontado caos y aumento vehicular.

“La solución debe ser tipo ‘pico y placa’, para disminuir y restringir la circulación vial. Dichas obras viales, en vez de mejorar el tránsito, lo empeoran por el mal criterio de diseños que rige en las municipalidades”, menciona.

Carlos Salvatierra, experto en movilidad y transporte, también difiere con Yúnez sobre el mejoramiento del tráfico con mayor inversión en obras viales para el transporte vial.

“La paradoja de Modgrige, demostrada en muchos países desarrollados, dice que: la administración, a pesar de que invierta más dinero en infraestructura privada que en movilidad pública, termina haciendo más congestión. Allí está la paradoja, la gente cree que hay más facilidades para transitar en su vehículo, y se desincentiva el uso del transporte colectivo y sostenible”, detalla.

Salvatierra celebra que en el sector se estén construyendo ciclovías, pero cree que la ciudadanía aún no apuesta por la movilidad sostenible, como medida contra la congestión, porque estás vías -Saltos coincide en ello- no han sido conectadas de forma integral.

“Las rutas de bicicletas aún no tienen una señalética segura para los ciclistas, hay tramos a la altura de las urbanizaciones que no están pintadas de amarillo para prevenir. En lo posible, se debe invertir en una mejor infraestructura para ellos. Además, las ciclovías deben conectar con centros comerciales, centros de salud, unidades educativas, entre otras”.

La movilidad sostenible, a más de aliviar el tráfico, según Salvatierra, también implica el ahorro en infraestructura. “Construir vías para bicicletas implicaría reducir los costos hasta 10 veces”.

Mientras tanto, en los próximos meses se verá si efectivamente la nueva inversión vial a la altura de La Puntilla surtirá el efecto deseado contra el trancón diario que se forma en el lugar.