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La tragedia venezolana
Pareciera que otro rol de las columnas de opinión es el de reiterar, tanto en lo que atañe a los hechos nacionales cuanto en los que se dan en terceros países.
En efecto, si no fuese por la tenacidad que los medios de comunicación le permiten a sus colaboradores, muchos temas graves, vinculados a diversas formas de corrupción hubiesen entrado en ese gran espacio de complicidad que se construye con el olvido intencionado.
Uno de esos temas graves que se debe asumir como responsabilidad común es el de la situación de Venezuela, más claro aún, el de la situación de los venezolanos, en su propio país y en aquellos otros donde han debido migrar en busca de mejores condiciones de vida.
En espera de su informe, a ser presentado el próximo 5 de julio, cabe destacar que la reciente visita de la expresidente de Chile Michelle Bachelet a Venezuela, en su condición de alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, vuelve a poner en primer plano las violaciones a sus derechos humanos, que en la patria del Libertador Simón Bolívar sufren los presos políticos. Pese a las dudas que sobre el resultado de su visita plantean algunas instituciones y personas dedicadas a la defensa de los opositores detenidos, el testimonio de Bachelet es suficientemente esclarecedor cuando plantea que fue: “profundamente doloroso escuchar testimonios de víctimas de graves violaciones de derechos humanos o de violencia política por no ser partidarios del gobierno”.
Queda así, en la voz de un funcionario internacional, ratificada la amarga situación de los opositores políticos venezolanos, especialmente de aquellos que están encarcelados.
Si bien hay evidencias, como el hambre y la falta de medicinas en que viven la mayoría de los ciudadanos de ese país, respecto de las cuales no se puede hacer mucho desde afuera, sí es posible en cambio organizar una presión internacional que en función del testimonio de la expresidente de Chile, exija la liberación de los presos políticos que, cínicamente, el gobierno de Maduro se ha empeñado en decir que no existen. Otro comportamiento es complicidad.
P.S. Hoy recuerdo el natalicio de Eloy Alfaro.