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Torera
Clinton vs. Trump. Este debate era especial. Las expectativas enormes. No había duda de que los resultados del debate podían definir el rumbo de las elecciones. Me explico: si Hillary perdía, recuperarse hubiera resultado virtualmente imposible. Trump no corría este riesgo. Clinton sí. La capacidad de respuesta y de no dejarse doblegar por el oponente son virtudes de Trump (reconfirmadas después de su visita a México), de Clinton -por lógica de descarte- no. Ante los electores indecisos este era el momento de la verdad. ¿Compartía Clinton estas cualidades? “Does she have what it takes?”, la pregunta del millón. Y está claro que si se enfrentaba a Trump y salía victoriosa, no habría nada que no pudiera hacer. Enfrentarse a políticos, al Congreso o a Putin, juego de niños. Al principio nos encontramos con una Hillary un tanto incómoda y un Trump avasallador. Sin embargo, conforme fue desarrollándose el debate, parece que Clinton decidió hacer exactamente lo que sus asesores (asumo) deben haberle aconsejado (suplicado) hacer: dejar que hable. La tesis principal debe haber sido: “deja que hable y pronto caerá por su propio peso”. O sea, se ahorcará solo. Dicho y hecho. Lo único que tenía que hacer Clinton para ganar era sonreír de forma irónica de vez en cuando, escuchar atentamente con la siguiente expresión: ¿en verdad estoy oyendo esto? Y lanzar también de vez en cuando ciertas acusaciones: “Donald, I know you live in your own reality”. Vejarlo era la única manera de ganarle. Trump fue el toro, Clinton la torera. Pero lo que realmente me sorprendió del debate es que esto fue lo más comentado, lo más importante. El “show” que ofrecieron. Eso es la verdadera tragedia de Trump. La banalización de la política. La gente busca ahora “infotainment”; el debate ya no está ahí para juzgar qué idea pesa más, sino quién golpea más fuerte y quién esquiva mejor. Y sustancia política hay: desde problemas raciales hasta el rol de EE. UU. en el mundo libre. Y Hillary tenía mucho qué decir. Pero eso no le daría la victoria. Torear bien sí. Trump es un payaso que entretiene tan bien, que todo se vuelve payasada.
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