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Un testigo

Corría abril de 2011 en Miami y de la mano de una entrañable luchadora por la democracia pude conocer al Comandante Huber Matos. Tenía el deseo irrefrenable de preguntarle mil cosas a una leyenda viviente. Me empezó contando que se integró a la lucha contra Batista desde el principio de la revolución; que siendo maestro de escuela y hombre de estudios, le era intolerable la dictadura, encontrando en la contienda al lado de los Castro una oportunidad para lograr la democracia. Viajó a Costa Rica en busca de pertrechos, logrando una importante cantidad de armamento, el cual llevó a Cuba en 1958 en plena guerra, permitiendo con ello que los alzados cuenten con los elementos que los condujeran a la victoria final. Contaba Matos que la Revolución, mientras se luchaba, jamás tuvo tintes comunistas, pero pocos meses después del fin de la lucha armada empezó a notar que el ala izquierdista tomaba una posición más fuerte y radical. Para julio, el giro que tomaban las cosas lo condujo a escribirle una carta a Fidel donde le hacía notar que el camino estaba desviándose del propósito inicial, girando al comunismo, y presentando su renuncia. Castro no la aceptó, diciéndole que él controlaba a los izquierdistas y solicitándole que se mantenga. Luego hubo una segunda carta de reclamo, y Castro le solicitó que se presente en La Habana y para ello enviaría un avión por él. Matos, que sospechaba “alguna imperfección del avión”, optó por decirle que iría por tierra con su chofer. Castro envió entonces a Camilo Cienfuegos a capturarlo. Para entonces ya se había dado cuenta que Castro los había usado a todos. En el proceso de juzgamiento Matos defendió sus ideas democráticas, haciendo impresentable cualquier posibilidad de fusilamiento (que era lo que le esperaba a quien pensara diferente a Fidel), siendo condenado a 20 años de presidio.

Matos cumplió el total de la condena y se convirtió en testigo de las atrocidades “en nombre de la revolución”. Conversamos aquella cálida mañana sobre Guevara, Cienfuegos y su presidio, terminando con un abrazo eterno y un ¡hasta la vista Comandante!

Twitter@PaulEPalacios