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Tesis de grado a la carta

Polémica. En 2012, el exvicepresidente de la República Jorge Glas fue acusado de plagiar su tesis de grado, realizada en la Escuela Superior Politécnica.

Negocio. Existe un abanico de paquetes para realizar trabajos de titulación para todas las carreras e instituciones.

Con letras grandes y resaltada en color verde limón la frase “¡Tu problema es nuestra responsabilidad!”, impresa sobre una volante y pegada sin discreción en un poste de la avenida Delta, al frente de la Universidad de Guayaquil, persuadió a Geomara B., de la facultad de Filosofía y Letras de la ‘Estatal’, para dejar su trabajo de titulación al encargo de un tercero.

Ella es una de los miles de estudiantes que cada año pagan por la elaboración de un trabajo de titulación que les permita graduarse. Una exigencia que se supone es el producto del conocimiento profesional del alumno.

“No tengo tiempo para trabajar y hacer mi tesis. La verdad es que sí me resulta más fácil pagar. Mi compañera de tesis también trabaja, ahí nos repartimos los gastos mitad-mitad”, cuenta Segundo H. quien estudió Ingeniería Comercial en la Universidad de Guayaquil y labora en jornada completa como conductor.

Sobre el tema, hay quienes creen que esto raya en lo inmoral. Roberto Briones, experto en educación superior, opina que las cifras de alumnos que encargan sus trabajos de grado deberían alarmar a las autoridades educativas.

“Socialmente nosotros sabemos que una norma universal moral dice que no podemos tomar un trabajo que no hicimos y ponerle nuestro nombre, porque eso es plagio”, sostiene.

Para él, este problema tiene sus cimientos en una cadena de errores en el sistema educativo. Enumera algunos: “falta de orientación al alumno por parte de los tutores, la cultura de ‘atribuirse cosas’, una falla en el control de los trabajos de tesis, entre otros factores”.

Aunque inmoral, según el abogado Francisco Icaza no existe ningún reglamento educativo, ni penal, que prohíba pagar por el trabajo de titulación. “Lastimosamente, este solo es un dilema ético. No hay normativa legal alguna que limite o sancione a los estudiantes por ese motivo”. No obstante, resalta que lo que sí se sanciona es el plagio, que significa la copia de fragmentos sin citar al autor. “Que un alumno ponga su nombre en una tesis que no hizo no es plagio, porque en el programa ‘antiplagio’ no se refleja como tal”, especifica.

Así: antiético y con vacíos legales, lo cierto es que en Guayaquil los negocios dedicados a esta labor no son pocos.

En el recorrido que hizo este Diario por la avenida Delta, aledaña a la ‘Estatal’, se contabilizó alrededor de 20 sitios que ofrecen el servicio de tesis en un tiempo récord de 15 días o un mes. Esos negocios dicen realizar en promedio 40 tesis anuales, lo que significa 800 tesis por año en total, únicamente en esa área.

Karla C., propietaria de Tesis Guayaquil y quien prefiere no ver su nombre completo publicado, elaboró en 2017 medio centenar de tesis de pregrado. Mientras que en lo que va de este año, lleva cerca de 48. Y eso que, según sus registros, la demanda ha decrecido. “Hace dos años esto sí que era maravilloso. Había muchísima clientela. Aunque ahora también se gana”, asegura.

La demanda de tesis se refleja en la aparición de compañías más grandes que cuentan con su propio personal administrativo, de contabilidad y de producción.

Ese es el caso de Gerente Express, que lleva solo tres años laborando y ya cuenta con tres sucursales en la urbe: una en Urdesa, otra en el sur y una última al frente de la facultad de Administración de la Universidad de Guayaquil.

Según uno de los administradores de la empresa, quien también prefirió mantener su nombre en reserva, anualmente ellos gradúan a más de 500 nuevos profesionales de la República del Ecuador, con un costo mínimo de $ 800 y máximo de hasta $ 1.500, dependiendo del “paquete que el cliente elija”. Puede ser solo de tutorías, guía en la idea, el marco teórico, normas APA o el más costoso, que es la tesis completa.

Esos 500 alumnos más los clientes de los negocios pequeños suman 1.200 estudiantes que pagan anualmente por la tesis, tan solo en el área colindante con la Estatal. Eso sin contar la clientela de quienes laboran independientemente, lo que vuelve al mercado casi incalculable.

Gina Chica se dedicó a esta actividad de forma independiente hasta agosto del año pasado, y la dejó cuando consiguió un trabajo fijo. Aunque reconoce que la labor es rentable.

“Este negocio es muy bueno. Si ahora me quedara sin trabajo volvería a elaborar tesis”, dice. Ella elaboraba alrededor de cinco tesis al año, por un costo superior a los $ 1.000. Aunque reconoce que hacía esta labor de una forma un poco reservada, “para evitar problemas”.

Un negocio creciente, que parece no preocupar a las autoridades educativas, pues EXPRESO consultó sobre el tema a las universidades de Guayaquil, Laica Vicente Rocafuerte y la Escuela Superior Politécnica, sin recibir respuesta hasta el cierre de esta edición.

Pagar por la tesis: inmoral más que ilegal

EXPRESO consultó a una funcionaria del Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual sobre si existe una ilegalidad o un vacío legal con respecto al pago por las tesis de grado. A lo que respondió que en realidad no lo hay, por lo difícil que sería de probar.

El abogado Francisco Icaza indica que al respecto “existe un vacío legal sobre este tema. Más que un delito o ilegalidad, es un tema inmoral, que ya queda en la conciencia de cada alumno y en la falta de control de los maestros”, afirma.

Asimismo Roberto Briones, experto en educación superior, tiene una opinión similar. “Aunque no exista ninguna normativa escrita que prohíba el pago por las tesis, socialmente todos sabemos que nadie puede coger el trabajo de otro y ponerle el nombre”, argumenta. Agrega que eso sí se considera como plagio, lo cual sí es sancionado.