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Terremoto y sociedad
Los sismos, grandes, pequeños y medianos, son movimientos de las capas tectónicas del planeta. No buscan destruir. Son dinámicas energéticas internas. No pretenden “vengarse” de los hombres -por los daños que le infringen a la tierra quienes hoy la habitan-, especialmente desde que la sociedad industrial crea y recrea el paradigma productivista que la contamina acelerada e irresponsablemente.
En los terremotos no hay una “intención y revancha natural y terrena” sobre la humanidad. La tierra no tiene conciencia ni historicidad propia. Esta le viene de la sociedad que la ocupa y la “hace suya”. Tal singular hábitat le va quitando su rostro natural, creándole el moderno hábitat, el urbano, masivo, concentrado, asfixiante, y a ratos, hasta destructivo.
Lo cierto es que cada sismo permite comprender que el diálogo-desencuentro entre naturaleza (y con ella la tierra) y sociedad no es amigable. Puede que nunca lo haya sido. Pero sí, es “nuestro hábitat”, y debiéramos tratarlo respetuosamente. La verdad es que todo terremoto -furia natural de la tierra- no se dirige a los hombres y mujeres (a la especie humana). Estos sufren sus consecuencias por ser sus “ocupantes”.
El sismo del 16, con sus efectos físicos, biorgánicos, económicos y psicosociales, causó graves perjuicios en Manabí y el sur de Esmeraldas, dañó a poblados y segó centenares de vidas. Pero del otro lado, desde los “otros” lugares sociales del Ecuador diverso, se dieron reacciones positivas. Fueron unitarios y solidarios en todo momento.
Es como si al ser golpeadas Manabí y Esmeraldas (la parte litoralense de la nación), se hubiesen generado reacciones sociales instintivas, socioculturales y económicas en todo el país. Estas nos mostraron cuerpo y rostro de la esencia del Ecuador: la generosidad, la ayuda, la voluntad de estar con ellos en “cuerpo, plata y alimentos”. Se hizo evidente que la sociedad es más que el Estado. Puede más, hace más, puesto que ahí está el lado humano, el espíritu y la vida del Ecuador no estatizado ni burocratizado.
Esta acción solidaria hizo que los daños del terremoto en las dos provincias costeñas sean atenuados, porque la sociedad, en sentido estricto, es un organismo vivo que tiene una materialidad colectiva donde vive y actúa el espíritu de la nación unida, diciendo: ¡presente! Esto es algo que el país debe recordar y hacer siempre.