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Un terremoto de inquietud
La asistencia psicológica, según los expertos, es indispensable para las personas afectadas y damnificadas por el terremoto. La mayor atención debe ser para quienes perdieron todo y a sus seres queridos.

El terremoto del 16 de abril y las dos fuertes réplicas del 18 de mayo, han provocado un estrés postraumático, según psicólogos entrevistados por este Diario, no solo en la población afectada y damnificada, sino en los que sintieron los movimientos telúricos y conocieron después sus efectos a través de los diversos medios de comunicación.
En Guayaquil, las escenas de pánico de las réplicas fueron más de las observadas el día del terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter, que afectó mayormente a las provincias de Manabí y Esmeraldas.
El 18 de mayo en Manabí, dos personas que entraron en pánico se arrojaron por las ventanas de sus casas. En Guayaquil, personas que estaban en edificios altos tuvieron crisis nerviosa que los llevaron a pedir asistencia médica y que, ese miedo, hoy les impide retornar a sus hogares e incluso a sus lugares de trabajo.
Tres psicólogos entrevistados por este Diario dan recomendaciones para estabilizar la parte emocional de los miles de víctimas del estrés postraumático que podría convertirse en un grave problema social.
Una de las recomendaciones, la del psicólogo Ernesto Secaira, del Centro de Psicoteria Bienestar, es que los centros educativos, empresas e instituciones públicas y privadas, desarrollen terapias psicológicas masivas que ayuden a la población a superar sus temores.
“El miedo se vence enfrentándole”, dice Secaira, quien precisa que la población ecuatoriana jamás estuvo preparada para enfrentar una catástrofe como la que estamos viviendo y que se siente desprotegida porque desconoce la resistencia que tienen las estructuras en las que viven o desarrollan sus actividades.
“Hay que trabajar mucho, a largo plazo, para levantarle la autoestima de la gente y evitar que el estrés postraumático, cause, en algunas personas, problemas graves en su sistema nervioso central.
Secaira concuerda con el psicólogo Carlos López, de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE), en que se debe comenzar a hacer todo aquello que ayude a las personas a eliminar esa energía negativa y que encuentren anclas que les permitan superar el miedo y recuperar su tranquilidad. Por ello, recomiendan mantener la mente ocupada en otras cosas que aleje los pensamientos del terremoto y de las réplicas.
“Todo depende del carácter de la persona”, añade López, quien asegura que es normal que la gente esté nerviosa, más sensible, pero que hay que tener cuidado con quienes muestren drásticos cambios de comportamiento.
Ivonne Rivas, psicóloga del Instituto Particular Abdón Calderón, agrega que las familias deben empezar un proceso de preparación que les haga sentirse más seguros a todos sus miembros: padres e hijos.
“Es importante que los padres hablen con sus hijos de lo que les angustia y le transmitan calma y tranquilidad con distracciones y abrazos. Si después de un mes, esas situaciones de angustia y desesperación continúan tienen que buscar ayuda especializada”, dice.
Una de las recomendaciones es que le eviten a los niños escenas de dolor. Lo aconsejable, añade, es enseñarles a hacer ejercicios de respiración, escuchar música y orar.