Terminar con la corrupcion

Arrancó la campaña política electoral que tiene una corta duración de 45 días, tiempo que es insuficiente para que el país conozca más a fondo las propuestas, las fórmulas de solución que deben hacerle quienes aspiran a la presidencia y vicepresidencia de la República, y a las curules legislativas.

Todos los candidatos, sin excepción, deben estar conscientes de que Ecuador confronta problemas muy serios de crisis de diversa naturaleza. Pero asimismo, deben tener presente que la crisis más grave es la moral, la crisis ética que ha envuelto al país en una corrupción muy pocas veces vista en la historia nacional. Es muy cierto que en sus páginas ha habido actos corruptos, muchos de los cuales sirvieron para que el pueblo deponga a dichos corruptos. Sin embargo, la corrupción que galopa últimamente sobre las espaldas de los ecuatorianos es inconmensurable, porque es una corrupción estructural, que proviene desde el poder político, ejecutada por funcionarios de alto nivel, que en esas condiciones han dirigido empresas que manejan millones de millones de dólares.

Todos los candidatos, sin excepción, no deben permitir que se pretenda considerar al pueblo como tonto o ingenuo, razón por la cual están obligados a ejercer con energía, todas las gestiones que permitan dar con los corruptos, sean estos quienes sean, y luego hacer que la justicia, imparcial e independiente, sin miramientos de naturaleza alguna, les imponga las sanciones correspondientes.

Todos los candidatos, sin excepción, están en la obligación de ofrecerle al pueblo que buscarán la ayuda necesaria de organismos internacionales, como la ONU, para que colaboren con más imparcialidad a investigar hasta dar con el último de los corrompidos. Deben comprender que ninguno de los proyectos que exhiban al país podrán culminarse con éxito si es que la corrupción sigue galopando.

La lucha frontal número uno es la de ir hasta el final contra el cáncer de la corrupción. Esta es la opinión de todos los ecuatorianos, que en su mayoría son honestos. ¡Escúchenla, candidatos!

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