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Hacia una teoria general...

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Hace unos años el escritor argentino Marcelino Cereijido escribió la estupenda obra Hacia una teoría general sobre los hijos de puta, la cual describe de manera científica y a ratos jocosa, ese comportamiento muy humano de irrogar daño y perjudicar a otros, y que a veces nos hace dudar a los creyentes el haber sido creados a semejanza de Dios.

El libro no describe al hijo de una profesional dedicada a la venta de sus encantos, sino a la capacidad de ejercer la “hijoputez”, que no es otra cosa que estar en conciencia plena del dolor que nuestros actos provocan en otros, y que teniendo un origen biológico se proyecta en el proceder cotidiano de las personas.

La historia se encarga de matizar ciertos aspectos dependiendo de quien la escriba, como por ejemplo, no comparar al criminal Adolfo Hitler con el archicriminal Leopoldo II de Bélgica. El primero mandó a los hornos a 6 millones de judíos, y el segundo apenas a 35 millones de negros en el Congo; pero la gente común ni se entera por la hijoputez de algunos que dominaban la prensa en Occidente.

Otro caso parecido es la estigmatización de los somalíes como piratas modernos, cuando el verdadero origen tiene que ver con patriotas de ese país que se oponían a que sus aguas territoriales sean usadas como vertederos de desechos tóxicos de europeos. Desde luego que con el tiempo algunos vivos cambiaron la ideología por el becerro de oro, como lo hicieron cerquita de aquí las FARC; pero hay más películas de los gringos rescatando rehenes en barcos, que de europeos tirando desechos radioactivos. Por tanto la hijoputez no es solo un acto deliberado de hacer daño, sino también de esconder el bien, porque aquello no es conveniente. Es exactamente igual que endilgarle a Lasso ser el culpable del feriado bancario, cuando conscientemente quien lo hace sabe que si lo hubiera hecho habría perdido su banco. O para ser equilibrados, acusar a Correa de tomar dinero que no le es propio, sin que exista la menor prueba de ello.

Pero tranquilos, hay esperanza; al terminar de leer la obra concluí que hay más hijos de Dios que hijos de puta.

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