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El fin de la tarea escolar
Obed, de 7 años, de tercero de básica, regresa a su casa todos los días a las 13:00; se quita el uniforme de la escuela, se baña y se sienta a merendar hasta las 14:30. Luego, tiene media hora para descansar.

Obed, de 7 años, de tercero de básica, regresa a su casa todos los días a las 13:00; se quita el uniforme de la escuela, se baña y se sienta a merendar hasta las 14:30. Luego, tiene media hora para descansar. A las 16:00 junto con Grace, su mamá, se sienta a hacer tareas escolares; ambos están agotados y la asignación de ese día es larga. Finalizan cerca de las 19:00.
A muchas familias ecuatorianas esta rutina les resulta conocida. La situación no escapa de lo que pareciera ser un fenómeno internacional, donde las tareas escolares se han convertido en un dolor de cabeza para los estudiantes y sus padres.
Desde 1989, diferentes estudios han revelado que los alumnos comprenden de mejor forma el trabajo que realizan dentro del salón de clases; además, las tareas y trabajos que les piden para hacer en su casa les quitan valioso tiempo para desarrollar otras actividades que son igual de importantes para su crecimiento.
El profesor Harris Cooper, de la reconocida Universidad de Duke (EE. UU.), indica que no se ha evidenciado el hecho de que las tareas coadyuven a que los infantes sean mejores estudiantes. Asimismo, el profesor Etta Kralovec, de la Universidad de Arizona, asegura que muchas de las tareas que los profesores asignan a sus alumnos no constituyen algún provecho para ellos mismos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de sus representantes en la Organización de las Naciones Unidas, está efectuando las peticiones necesarias para eliminar por completo las tareas escolares de todos los sistemas educativos registrados en el mundo.
La noticia ha generado polémica. Los que están a favor de las tareas plantean que son necesarias para que los niños refuercen lo aprendido en clases, desarrollen hábitos de estudio y sentido de responsabilidad.
En Ecuador no existen estudios científicos sobre la incidencia positiva o negativa de los deberes para la casa.
EXPRESO consultó a educadores, psicólogos, autoridades educativas y padres de familia. Las respuestas fueron diversas. (ver también la pregunta de En Contraste, en la página 2).
El Ministerio de Educación, a través de sus voceros, indica que está orientando a los docentes para que las tareas que envíen sean reflexivas, no memoristas, ni de copiar y pegar, sino que generen opinión, crítica, desarrollen narrativa y otras destrezas académicas y no académicas.
Lo importante, recalca, es que esas tareas no tomen demasiado tiempo y estén desarrolladas pensando en los intereses de los estudiantes. “Lo primordial es lograr un equilibrio de tiempo e intereses”.
Pero Mario León, psicólogo educativo, es defensor de abolir los deberes. “Las tareas los estresan y afectan el carácter de los alumnos, especialmente de los niños y los condicionan a no querer ir a la escuela”.
En cambio, su colega Patricia Nevárez, considera que bastaría un par de ejercicios en casa como práctica para afianzar el aprendizaje que tuvieron en el aula de clases.
Entidades educativas como el Liceo Panamericano, han elaborado calendarios para que cada maestro indique el día en que enviará trabajos. “La idea es que no todos lo hagan al mismo tiempo”, explica Adriana Rada, consejera estudiantil.
Delfos y Ecomundo también dosifican el envío de tareas y a los alumnos se les destina lecturas y trabajos sencillos que puedan integrar a la familia.
Hay padres que aplauden la medida que libera al alumno de permanecer muchas horas haciendo deberes. Otros consideran que el maestro que no envía tareas no está cumpliendo con su trabajo.