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De la solidaridad a la indolencia
El terremoto que causó estragos, sobre todo en varias poblaciones manabitas, evidenció la solidaridad de la mayoría de los ecuatorianos frente a la adversidad.
Quedaron atrás las pasiones políticas, las diferencias sociales y económicas, y los discursos divisionistas. Cerramos filas por un solo objetivo: “ayudar a los damnificados”, como tiene que ser, colaborando en el rescate o entregando víveres con mensajes de fe y esperanza escritos por niños.
En la penumbra de la adversidad, la respuesta inmediata de la comunidad internacional lanzó un rayo de esperanza. ¡El hombre no ha perdido su calidad humana!
Las redes sociales estuvieron saturadas con información de todo tipo, a diferencia del silencio de los medios oficiales. Evidentemente, no era el momento de analizar si aquello respondía a un acto de prudencia, falta de preparación o de inconveniencia política; la prioridad era estar informados de cualquier forma.
Crudas imágenes, matizadas con frases de esperanza y uno que otro comentario sensacionalista, me recordaron a Vargas Llosa, quien dijo: “Vivimos la sociedad del espectáculo”. Consciente o inconscientemente, no perder vigencia en las redes era primordial para algunos.
No han faltado los indolentes que robando víveres donados o especulando con ellos, pretenden realizar “un buen negocio”, cual carroñeros sacando ventaja de la desgracia ajena.
Se dice que todo infortunio trae una reflexión, una lección. En nuestro caso, debería ser exigir el cumplimiento de las normas técnicas para la construcción, preparar a la población para reaccionar adecuadamente ante la emergencia, instruyéndola en técnicas de supervivencia, rescate de personas, en la entrega eficiente de provisiones, en la atención de salud. Brindar seguridad de manera adecuada, así como en la metodología para informar con eficiencia, sin sensacionalismo, respetando el dolor ajeno y la dignidad de la imagen de las víctimas, caso contrario, ante otra catástrofe, reeditaremos el sensacionalismo en la información, la solidaridad improvisada y la indolencia del ser humano.
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