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El sol y la lluvia como parte de los sacrificios

Cientos de personas soportaron una hora y media de fuerte aguacero. La gratitud y el perdón movieron a los norteños

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El cambio de clima no fue impedimento para que cientos de creyentes recorrieran ayer, junto a Jesús y María, varias de las principales calles del norte de Guayaquil.

Algunos fueron preparados con gorras, paraguas e impermeables; otros decidieron sumarlo a los sacrificios que habían decidido hacer durante la semana para conmemorar la muerte de Cristo.

“Si Él (Jesús) entregó su vida por nosotros, ¿por qué no podríamos soportar sol y lluvia por Él?”, mencionó Gisella Palacios, quien llegó desde Pascuales junto a sus tres hermanos para sumarse a la procesión del Santuario de Nuestra Señora de la Alborada, que es considerada como la segunda más grande de la ciudad, después de la de Cristo del Consuelo.

Con ella coincidió Javier Velasco. “Este es un día muy importante para los cristianos. Si no estamos dispuestos a hacer penitencias o sacrificios para que se nos perdonen nuestros pecados, entonces nuestra fe no vale la pena”.

Marcela Jiménez y Juan Quiroz, en cambio, caminaron para agradecer. Ellos tienen siete años de casados y desde hace dos se encomendaron a la Virgen del Santuario. “Tuvimos muchas complicaciones para formar una familia. Nos dijeron que no íbamos a poder tener hijos, pero la Virgen nos regaló a Mateo. Él es nuestro milagro”, indicó Juan, mientras intentaba cubrir a su pequeño hijo con una gorra.

Un poco lejos de la multitud se encontraba Julieta Mancheno, de 67 años. Ella acude desde hace diez a la procesión. “Antes iba a la de Cristo del Consuelo, pero por mi presión ya no puedo acudir. A mí me llevaba mi abuelita y luego se convirtió en una tradición familiar”. A pesar de su edad, Julieta recorrió sola las cerca de tres horas que duró esta caminata.

Martha Hernández decidió cargar más peso que el de su propia cruz. Durante una hora y media acompañó a otras once mujeres que, aleatoriamente, eran escogidas para llevar la imagen de la Virgen. “He esperado todo el año para servir. Qué honor más grande que sostener a nuestra madre. Ella sabe que puse todas mis fuerzas, ya casi al final tuve que entregar mi puesto porque sentía que me desmayaba”, contó emocionada.

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