Actualidad
Sociedad y universidad hoy
Desde que las academias y universidades surgieron, siempre ha existido una relación-vínculo compleja y contradictoria, necesaria entre la sociedad y esas instituciones. Casi puede decirse que con el inicio, expansión y consolidación de la modernidad no resulta posible pensar una sociedad y una nación sin estos organismos.
De entonces a hoy, los países y ciudades que pueden exhibir signos de progreso y transformación son aquellos que tienen que ver con sus universidades y escuelas politécnicas, en las cuales se dan las explicaciones de los hechos, los procesos y los fenómenos científicos y tecnológicos. Por eso son aparatos del saber, indispensables para las sociedades. Pero cuando dichas sociedades viven crisis, por diversas razones, sus universidades pueden estarlo o no; mucho mejor si no lo están porque pueden orientar a la colectividad. Esto explica por qué los detentadores del poder económico y político siempre buscan intervenir y tener el control de ellas. Lo hacen porque son laboratorios de ideas, de pensamiento crítico, núcleos de análisis y orientación para la ciudadanía.
El país en una década ha tenido varios diagnósticos, acertados o no, injustos u objetivos, ideológicos o académicos, etc. Sin embargo, en ese tiempo hay una sola evidencia: la universidad está silenciada. Su enmudecimiento ha sido una constante ante el poder, y accionar de la revolución ciudadana. Los académicos que optaron por el proyecto de AP y que han abandonado la posición del pensamiento crítico, han contribuido a su silencio. Los intelectuales, científicos y pensadores independientes que ejercieron la docencia y que aún lo hacen, callan. Los pocos que todavía se atreven a pensar independientemente no se expresan por temor o por orfandad de apoyo y solidaridad para ejercer con libertad ese canon tan necesario de racionalidad crítica.
Yachay es una propuesta, ilusión y esperanza. Pero la universidad real, la academia histórica que ha dado al país científicos, profesionales, pensadores, intelectuales y hombres de rigurosidad, está en silencio.
Todos se preguntan por qué las luces de la ilustración y del pensamiento crítico se han ido de vacaciones en esas academias. Nadie responde. Ese mutismo nos dice que algo grave pasa en esos centros de educación superior y en la sociedad ecuatoriana. ¿Hasta cuándo?