Actualidad
Sociedad, Estado y sismo
Ha transcurrido un mes desde que el país, la región litoral y particularmente las provincias de Manabí, Esmeraldas, Guayas y Los Ríos sufrieron el terremoto de 7.8 grados. Sus efectos fueron devastadores sobre las dos primeras. En sus ciudades y cantones se dio el mayor número de muertos, desaparecidos y pérdidas en vivienda e infraestructura. Los datos dicen: 660 muertos, 13 desaparecidos, 33.366 damnificados, 6.998 edificaciones colapsadas y 2.740 afectadas.
Más allá de esto hay algo que se expresó horas después del violento sismo y sus efectos: la reacción de la colectividad y la solidaridad de ella. Esto fue mal interpretado, con visiones sesgadas de políticos e ideólogos dogmáticos, incapaces de comprender y valorar la fortaleza de la sociedad civil. En las horas y el día siguiente de producido el hecho, continuó su fuerza con vitalidad y dinamismo. La comunidad mostró todo su poderío y capacidad de movilización. De ella se pueden decir muchas cosas desde la política, la historia y la sociología.
Cuando se dan situaciones como las del 16 de abril, no caben discursos ni discusiones sociopolíticas y académicas. Lo único cierto y que se evidenció contundentemente, es que el conjunto del país, todas sus regiones, cantones, parroquias, provincias y ciudades, con su fuerza social, tuvieron una sola reacción: solidaridad, ayuda, apoyo.
Esto enseña a políticos, caudillos y líderes a comprender que más allá de las preferencias ideológicas y partidistas hay una sociedad viva y activa, que reacciona oportunamente. Ese colectivo humano estuvo atento a realizar donaciones, a enviar cuerpos médicos -nacionales y extranjeros-, a ir como voluntarios. Y esa inmensidad de jóvenes que armaron kits y fueron ese mismo día o al siguiente a dar su apoyo, lo dice todo.
El tiempo transcurrido permite sacar conclusiones: existe el poder político, líderes y partidos, ideologías y doctrinas, pero antes, durante y después de ellos está viva y activa la comunidad. Luego de 30 días de la tragedia, celebremos que la sociedad ecuatoriana sigue siendo un colectivo humano positivo y solidario. Reaccionó como ninguna institución y organismo lo hizo. Finalmente, se podría decir que la sociedad civil fue la fuerza antisísmica que por capacidad reactiva y dinámica desbordó al Estado.