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Diario Expreso Ecuador

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Sinderesis

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Hace unos días en la ciudad de Seattle en EE. UU., un joven técnico robó un avión desde su hangar y luego de volarlo se estrelló en una de las islas de la hermosa bahía. Aquí se han multiplicado los accidentes de carreteras y curiosamente allá y acá el clamor de la prensa y de la ciudadanía resulta ser: ¿dónde está la seguridad? ¿Por qué no hay más controles? ¿Dónde las leyes? Y ciertamente no podemos impedir que una sonrisa llegue a nuestros labios.

En ocasiones, con desesperación, pedimos que el Estado no intervenga, que nos deje libres para hacer lo nuestro, pero de pronto, cuando ocurre algo de este tipo, reclamamos un Estado omnipresente, profeta e interventor, sin darnos cuenta de que el problema no está en las leyes, tampoco está en los protocolos de seguridad ni en las medidas que se toman; el problema está en el hombre, en el ser humano que formamos. Por eso decimos: sindéresis.

Es verdad que EE. UU. ha sido complaciente en la formación del niño, pero no es menos cierto que en otras latitudes, al son de los derechos, hemos ido retirando la firmeza, reemplazándola por la permisividad y otras aptitudes que nos llevan casi a la indiferencia. El problema fundamental en cada caso, es que debemos, frente a lo descrito, ir al fondo del hecho, a la causa que lo produce, y eso es la formación del ser humano, la construcción de su conciencia y la estructura de su personalidad, que sin duda implica no solo los estudios académicos que recibió sino la formación que vivió, proceso que se sustenta en el reconocimiento de valores y principios y en los ejemplos que padres, educadores, guías espirituales, psicólogos y otros, le hayan sabido entregar.

La educación en el siglo XXI tiene que ir más allá de la academia y debe trascender a la formación moral y espiritual del educando. Es imprescindible fortalecer al ser humano en valores y principios y enfrentarlo siempre y desde muy temprano, a la vida, a esa vida que es al mismo tiempo alegría y dolor, triunfo y fracaso, caminar y caer.

La educación hoy reclama rigor y firmeza en lo científico y en lo moral, a más de amor para forjar.

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