La segunda tarea (II)

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La segunda tarea (II)

Hace pocas semanas indicamos que es esencial corregir otras distorsiones en la economía, y particularmente resolver el tema de la Seguridad Social, pues todo el esfuerzo del país será insuficiente para sostenerla tal como está.

Si el tema previsional es complejo, el Fondo de Salud no lo es menos. Teniendo como fuente confiable la MESS, la proyección indica que para el año 2021 existirá un déficit de $245 millones. Sin embargo, con el mejoramiento de la esperanza de vida y con la atención a los menores de 20 años, el tema tiende a volverse solo sostenible a costa del incremento de la aportación de los proporcionalmente cada vez menos aportantes.

Las prestaciones de aquellos que no aportan representan en este momento el 57,8 % del total. Todo ello configura una situación donde existen ingresos definidos por una prima, pero prestaciones ilimitadas, dificultades en la atención primaria, falta de eficiencia en la gestión de unidades médicas, entre otros problemas que ponen al sistema en terapia intensiva.

Con gran facilismo político se entregó la responsabilidad al IESS para la atención médica de grupos de la población sin el debido financiamiento, pero además, sin que en la actualidad exista un plan bien articulado para superar el problema. Es la típica situación donde quienes deberían tomar las decisiones y sus familias no se atenderían jamás en el IESS, y quienes deberán atenderse en el futuro, no sospechan que su prestador de servicios médicos en algún momento no podrá darles una aspirina. ¿Hay soluciones? Sí, siempre hay soluciones. Se requerirá una combinación de decisiones, las cuales, como ocurre en estos casos, no serán muy populares: desde el aumento de la edad de jubilación hasta la modificación de los aportes y prestaciones. Quizá la forma de extender en el tiempo sustancialmente el problema, es incorporar a la formalidad a una enorme masa de trabajadores hoy subempleados, pero al final no lo resuelve.

Sin importar cuál sea la gravedad de un problema que enfrente una persona o un país, no se lo resuelve metiendo la cabeza en un hueco, sino encarándolo.