Para sanear la politica

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Para sanear la politica

La corrupción en nuestro país se ha desbordado. La fuga del exfuncionario de Comunicación correísta evidencia que las estructuras que se crearon y consolidaron en el régimen anterior se mantienen intocadas, pese a lo enunciado al inicio de este gobierno. Por ello los resultados de las próximas elecciones son de importancia trascendental. La ciudadanía debe tener plena conciencia de que será responsable de lo que suceda a futuro, pues de su decisión -acertada o no- dependerá que Ecuador tome un nuevo rumbo. Y para escoger adecuadamente alcalde, prefecto y demás funcionarios en marzo de 2019 -y en los comicios presidenciales posteriores- será necesario conocer a fondo las propuestas de los candidatos que competirán. El tiempo es corto y la ley no los obliga a debatir. Pero la prensa con certeza hará su trabajo, difundiendo a través de notas o entrevistas los planes y programas de acción. La ciudadanía entonces, tiene el deber de enterarse, de analizar exhaustivamente, de elaborar criterios. De manifestar su agrado o rechazo. De exigir soluciones para aquellos problemas de la ciudad y de la provincia que los candidatos hubiesen omitido en sus planteamientos y que por su gravedad demandan remedio inmediato. El momento para ejercer presión es ahora. Y las redes sociales son el instrumento idóneo para exhortar -directamente- a aquellos que han anunciado su participación en la contienda electoral a que respondan en forma precisa y detallada.

También es la hora de indagar sobre la trayectoria de quienes tengan mayores probabilidades de ganar: revisar cuál ha sido su desenvolvimiento personal y profesional. En el caso de los que ya han desempeñado cargos públicos, verificar si sus obras fueron pertinentes a sus funciones o si obedecieron al afán de asegurar réditos políticos o económicos; si aquello que destacan como sus grandes logros realmente ameritaba su ejecución y los recursos asignados para su puesta en marcha, o se impusieron sobre otras acciones que sí eran prioritarias pero que no contribuían a su mayor exposición mediática.

La necesidad de que una política más honesta rija los destinos del país vuelve vital la -real y sabia- participación ciudadana. No hay cabida para la comodidad, la apatía, la desidia. La comunidad tiene la responsabilidad indelegable de exigir planes y programas de excelencia, concretos, posibles y medibles, y un currículo limpio y honorable a cada uno de los candidatos, porque tendrá que votar por uno de ellos.