Pueden las sanciones de Trump doblegar a Iran

“Las sanciones contra Irán han sido emitidas oficialmente”, tuiteó el presidente estadounidense Donald Trump tres meses después de haber firmado una orden ejecutiva en anunciando la retirada de su administración del acuerdo nuclear con Irán de 2015 -Plan de Acción Conjunto y Completo (Jcpoa). El anuncio tomó a algunos observadores por sorpresa. Irán y EE.UU. parecen haber revertido sus roles: el aislamiento de Irán antes del acuerdo ahora contrasta con la determinación de EE. UU. de nadar contra la corriente mundial. La decepción, y hasta la incredulidad, prevaleció entre los participantes del Jcpoa -la UE, Rusia y China- cuyos líderes se apresuraron a reafirmar su firme compromiso con el acuerdo. Por el contrario, se reitera la determinación de Trump de controlar permanentemente las “ambiciones nucleares” de Irán, limitar su programa de misiles balísticos y reducir su influencia regional. En la etapa final de las sanciones, el objetivo de EE. UU. es reducir las exportaciones de petróleo de Irán “hasta llegar a cero”. Pero ¿existen mayores probabilidades de que dichas sanciones sean efectivas para cambiar al régimen o su comportamiento? La última vez que las exportaciones de petróleo de Irán se redujeron a niveles insignificantes a través de un amplio boicot económico fue a mediados del siglo XX, cuando el primer ministro electo por Irán, Mohammad Mossadegh, nacionalizó la industria petrolera. Un bloqueo liderado por los británicos e impuesto al petróleo iraní llevó a la industria a una virtual paralización, desestabilizó la economía y allanó el camino para el infame golpe instigado por EE. UU. y el RU, que restituyó al Sha al poder en 1953. Las sanciones impuestas por EE. UU. y la UE desde 2010 hasta 2015 contrajeron el nivel de exportaciones de petróleo en dos tercios, y la estanflación resultante hizo que la miseria cayera sobre los hombros de los iraníes comunes, ya que el PBI se contrajo en casi 6 % en 2012. Las fallas generalizadas del sector privado y el creciente desempleo siguieron. Contrario a los objetivos, se fortaleció el control económico y político del sector público y de las organizaciones paraestatales. Irán insistió en su derecho soberano de ir tras a un programa nuclear pacífico. Esta vez el régimen de sanciones de EE. UU. no está respaldado por las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y carece de legitimidad internacional. Así, el aislamiento de Irán será mucho menos completo. Las empresas europeas serán las que decidan el resultado de la batalla por las sanciones secundarias tomando en cuenta los intereses de sus accionistas, en vez de las maquinaciones políticas de sus gobiernos. Esto explica el importante flujo de salidas de los mercados de Irán. Durante meses, las ciudades iraníes han sido sacudidas por protestas generalizadas, aparentemente contra el empeoramiento de las condiciones económicas. Estos arrebatos han debilitado a los reformadores iraníes al socavar el monopolio que ellos mantenían como la única esperanza. El impacto económico ya se ha sentido, con la moneda iraní en caída libre luego de que comenzaran las especulaciones sobre la retirada de EE. UU. del acuerdo. El fantasma de la inflación está de regreso. En última instancia, las sanciones para alcanzar el éxito desde la perspectiva de EE. UU., deben traer cambio de régimen o cambio de conducta. Pero una cosa está clara: aplicar a Irán la “doctrina de Trump” de empujar a los enemigos al borde del abismo, guardando la esperanza de que coquetearán antes de llegar al abismo, es entrar en terreno desconocido.