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San Isidro: Historias que se siguen contando

La emblemática hacienda del siglo XVII, que antes fue un convento jesuita, hoy forma parte del inventario del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador.

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Es una propiedad muy antigua que, curiosamente, ha vuelto a encenderse y bullir, gracias a la determinación de Juan Pablo Eguiguren que, a sus 34 años, le dio un nuevo giro, con el objetivo de que San Isidro siga contando historias y generando nuevos recuerdos.

Ubicada en el corazón del Valle de los Chillos (cantón Rumiñahui), la vertiginosa modernidad le ha permitido llegar en un breve tramo de 30 minutos desde Quito, considerando que un siglo atrás suponía un tenaz recorrido entre caminos maltrechos y apesadumbrados. Hoy, aunque esté sumida entre aparatosas urbanizaciones y vías por doquier, San Isidro resulta un soplo de aire al corazón, al descubrir de inmediato un mundo aparte “lleno de romanticismo e historia”, como dice el joven empresario.

Juan Pablo estudió Administración Hotelera en Colorado State University y un MBA en la Universidad Rey Juan Carlos, de España, y al regresar encontró una alicaída hacienda, pero con ¡tanto potencial! “En el campo se siente libertad, admiración y respeto a la naturaleza. De niño madrugaba para ayudar a ordeñar las vacas y luego engullía el desayuno con nata fresca y leche recién ordeñada... A media mañana, con el sol ardiente nos bañábamos en la acequia con la que regaban los potreros. Montaba a caballo con amigos y parientes de haciendas cercanas, con quienes soñábamos despiertos en aventuras quijotescas”.

¡Y es que cada uno de sus rincones esconde tantas historias que contar! De hecho, según la escritura original, firmada en octubre de 1806 por el delegado del rey Carlos IV de España, San Isidro pasó a pertenecer a don José María Muñoz Fajardo, heredero legítimo de don Ramón Muñoz y doña Margarita Fajardo, abuelos de María Teresa Muñoz (bisabuela paterna de Juan Pablo Eguiguren), quien posteriormente contrajo matrimonio con el Dr. Alfonso Eguiguren Escudero.

En la actualidad, se cuentan ya siete generaciones que han disfrutado del lugar y que buscan, a través de Juan Pablo, proteger y cuidar su historia.

Su construcción

“Este patrimonio tiene unos 3.000 metros cuadrados, construida con materiales mixtos. La alta cubierta de teja, soporta una estructura de madera, y sus columnas de piedra brindan imponencia y un aspecto señorial. La fachada posterior tiene un gran parque, con variedad de árboles como palmeras, y eucaliptos centenarios cuyas semillas trajo de Australia el expresidente Gabriel García Moreno, hace más de 150 años. En algún momento, se cree fue un convento de la orden jesuita porque se hallaron frescos con motivos religiosos en sus paredes, que han desaparecido”.

Efectivamente, los jardines de San Isidro aún conservan una belleza cautivadora. Su paisaje remata en una laguna antiquísima creada por la familia Eguiguren y que, por la calidad del suelo, se mantiene intacta. Juan Pablo, abanderado de la causa, enrumbó su destino con el certero apoyo de su esposa María Paula Ordóñez, para que sea un lugar que se luzca, ofreciendo un ‘full package’ (todos los servicios incluidos) para organizar eventos sociales de todo tipo. Y la idea fue un éxito. “En resumidas palabras somos un equipo, el ‘dúo dinámico’ que encuentra soluciones a lo imposible y nos hemos atrevido a liderar un proyecto que constantemente presenta desafíos”.

Sueños por cumplir

De hecho, los sueños por cumplir en este lugar incluyen un centro ecuestre, un parque botánico, áreas de recreación, canchas deportivas, museos y otras actividades: “En San Isidro sientes la libertad del campo, sin embargo está ubicada en medio de la ciudad”, dice Juan Pablo, quien resalta la importancia de desarrollar un turismo sostenible, ecológico, que fomente el respeto y la conservación de la naturaleza, así como la conservación de un patrimonio cultural del Ecuador.

Conspiración

En tres siglos, sin duda, grandes eventos han sucedido en San Isidro, como en 1932 durante la Guerra de los 4 días, luego del triunfo de Neptalí Bonifaz (quien no consiguió posesionarse presidente por ser considerado peruano). Alfonso Eguiguren, en ese entonces director de la Compactación Obrera Nacional e intendente de Policía (equivalente a ser ministro de Gobierno), al apoyar a Bonifaz tuvo que esconderse en una cueva en la hacienda. Pero conspiró un pariente cercano que era del bando contrario y lo denunció. Afortunadamente logró huir hacia El Pedregal, Cotopaxi, donde estuvo escondido por seis meses.

“Esta hacienda ha soportado erupciones volcánicas, terremotos y tempestades. Pero gracias a la nobleza de sus materiales y calidad de su construcción ha perdurado, aunque su mantenimiento requiere de sacrificios e inversión constantes”.

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