Rusia, el mundial de futbol y Trump
El nuevo zar de Rusia, Vladimir Putin, ha tratado de acercarse a Occidente, igual como lo hicieron desde la época que gobernó Iván el Terrible, en el siglo XVI. Luego los Romanoff, que tomaron el poder, tuvieron esa misma idea, especialmente Iván el Grande, Catalina II y Fernando II. Sin embargo, esto significaba dejar el autoritarismo a un lado y respetar los derechos humanos. Prefirieron mantener el dominio total sobre el enorme país que gobernaban.
En el gobierno de Putin, hasta se pensó en ingresar a la Unión Europea; pero eso le significaba establecer un régimen democrático, realizar elecciones libres y respetar los derechos humanos. Las condiciones impuestas le hubieran impedido ese juego electoral que creó para mantenerse, de por vida, en el poder: ser presidente cuatro años y luego hacer que su primer ministro sea el presidente para, en las próximas elecciones, realizar el mismo juego, hasta que se permitió la reelección indefinida.
Actualmente Rusia está sancionada por la Unión Europea, en materia económica, por la invasión a Crimea y el afán de apoderarse de Ucrania. Por esto, busca un acercamiento, aunque se lo acaban de negar y, más aún, se extendieron las sanciones por más tiempo.
El Mundial de fútbol. Lo que sí es admirable es el éxito que ha tenido en la organización del Campeonato Mundial de Fútbol. Todo le ha salido perfecto, pese a que el equipo ruso se quedó a medio camino. Nos consta que el Gobierno ruso, desde la época de los zares y durante los años que gobernó el comunismo, ha sido muy apegado al protocolo y ha sido un gran organizador de espectáculos de toda clase. Podía el pueblo ruso sufrir grandes vejámenes, excepto los miembros de la “Nomenclatura”, pero el extranjero era siempre bien tratado, con la única condición de que tenían que ser conducidos por los guías turísticos rusos, los famosos ‘perivochis’, personas debidamente preparadas para conducir a los turistas solo a los sitios donde demostraban los adelantos de la URSS. El turista no podía transitar libremente y siempre estaba sometido a un control que, posiblemente, no lo sentía. En el Mundial de fútbol se obligó Rusia a abrir las puertas a los extranjeros para que conozcan las maravillas que tenía su país, aunque por el problema del idioma pocos podían moverse con toda libertad. Incluso para el ingreso a los estadios necesitaban una identificación además de las entradas. Se prohibieron las reuniones de más de 20 personas y se dieron muchas facilidades para dirigirse a los estadios, teniendo pasajes gratis en los medios de transporte y, en el más preferido: el metro subterráneo, cuyas estaciones son verdaderas obras de arte y, además, muy profundas, pues en la Segunda Guerra Mundial se los usó como refugios antiaéreos.
Ya en el ámbito de la política internacional, les ha salido un defensor gratuito: Trump. Hasta ahora, ha tratado de defenderlos de las sanciones impuestas por la Unión Europea, a tal punto que sus dirigentes no se explican cómo puede estar Trump a favor de Rusia, dejando a un lado a sus amigos naturales.
La cita en Finlandia. Trump como Putin decidieron encontrarse en Helsinki, donde se habían realizado varias cumbres entre presidentes de EE. UU. y lo que entonces fue la URSS. Hubo varias ofertas de parte y parte. Sin embargo, para nuestro criterio, lo más importante es que se acercaron como amigos y en algo consideramos que quedó descartada una futura guerra, entre las dos más grandes potencias nucleares.
La prensa norteamericana y de la Unión Europea ha sido muy dura para calificar a Trump por esta entrevista. Pero, si somos realistas, Trump es un buen negociador, pero poco diplomático.
En los Estados Unidos se esperaba que se aclare la intervención rusa en las elecciones en que Trump triunfó sobre la señora Clinton. Pueden haberse utilizado wikileaks o algún otro sistema tecnológico para influir en alguna forma en las elecciones presidenciales, sin embargo, no creemos que eso haya sido el motivo de la derrota de la candidata Clinton.
En cuanto a la actuación de Trump, a quien muchos de nuestros amigos consideran un ‘mercachifle’, resulta que está consiguiendo todo lo que se ha propuesto: nivelar la balanza económica con China, Canadá y la Unión Europea. Y si bien se ha empezado a producir una guerra económica entre las dos grandes potencias, los chinos están tratando de negociar para lograr el equilibrio que exige Trump. Igualmente, tendrá que suceder con Canadá y la Unión Europea, sus aliados naturales. Por último, Trump anuncia que ha invitado a Putin para que visite EE. UU. Ojalá que estas intervenciones de los dos grandes sirvan para garantizar que no habrá una guerra nuclear, una vez que ha apaciguado al norcoreano Kim.