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Diario Expreso Ecuador

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Los robos a personas y casas aumentan un 25 % en Sauces 2

Los vecinos asocian el alza con la venta y consumo de drogas. Aseguran que los chats comunitarios y alarmas no son suficientes para combatir el problema.

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Miedo y preocupación. Eso es lo que se percibe entre los moradores de la ciudadela Sauces 2, en el norte de Guayaquil, tras la ola de asaltos de los últimos meses en el sector. Los delincuentes atacan en todos lados, dicen los vecinos. En las peatonales, parques y en el mismo hogar.

Hace no más de dos semanas, Beatriz (prefiere omitir su apellido), una moradora de 57 años fue escopolaminada por un sujeto en el portal de su vivienda, en la manzana 114, a escasas cuadras de una UPC (Unidad de Policía Comunitaria (UPC). “Recuerdo que un tipo, aparentemente de la empresa eléctrica, se me acercó con el fin de entregarme una planilla. Recuerdo levemente que lo dejé entrar a mi casa y que sin razón alguna le di mis joyas, dinero, el celular”.

La mujer relata su experiencia a EXPRESO desde una de las ventanas, ahora blindadas con varillas. ‘Agradece’ que el impostor no le haya pedido las llaves de su auto. “Ya se han llevado algunos. Y ni hablar de sus accesorios. A esos se los llevan como pan caliente”, dice.

Ella, al igual que una veintena de moradores, entre estos directivos de dos agrupaciones barriales, asocian los delitos con la venta y consumo de drogas en las calles. Un problema que según el jefe del circuito Sauces de Policía, Diego Naranjo, es bastante compleja. “Se vende, es verdad. Y hay mucho consumo”, manifiesta.

El 1 de julio, en la manzana 44, a Samuel Caicedo le robaron su camioneta Mazda cerca de las 05:00, mientras dormía. Cinco días más tarde, en la manzana 66 se llevaron la memoria de un auto y la batería de otro; y en la 65, un tipo, aparentemente bajo efectos de la droga, se metió por la ventana para asaltar el domicilio de una pareja de ancianos. El recuento lo hace Washington Sigüenza, presidente del Comité Pro Mejoras de Sauces 2 y sus Alarmas Comunitarias. Un sistema que funciona a través de un dispositivo móvil y da aviso a la Policía cada vez que ven rondar a un delincuente o sospechoso.

La herramienta, que entre el 2011 y 2015 dio resultados “fabulosos”, según el dirigente ahora ya no es suficiente. “Tenemos sirenas, chats comunitarios, cámaras..., pero la cifra se mantiene”, se lamenta.

Según datos de la Policía, en lo que va del año se han registrado 23 asaltos en la calle, 8 a domicilios, 2 de autos (allí no consta el caso de Caicedo) y 18 de accesorios. En promedio un 25 % más que el año pasado, a excepción de los robos de carros que, a criterio de la autoridad, han disminuido, aunque la comunidad lo niega. Aseguran que hay casos (muchos) que no se contabilizan porque hay quienes -como Beatriz- que no denuncian por temor.

Para Gladys Coello, presidenta del Comité Central de la ciudadela, otro factor que incide en el aumento está relacionado con la presencia de falsos vendedores ambulantes en la avenida Agustín Freire Ycaza, que colinda con Sauces 2.

“No todos trabajan. Hay quienes solo vienen para amedrentarnos”, asegura. De allí la razón por la que el vecindario se ha convertido prácticamente en una cárcel. Pasadas las 18:00, los guardias de seguridad, “si te ven en la calle, te siguen hasta tu casa para que te sientas segura”; tienen los labios pegados al silbato para dar aviso de cualquier fechoría o no se despegan de sus casetas, levantadas en lo alto, como las de los guías penitenciarios.

Frente a la ola de delitos, el morador Juan Carlos Segarra se compró un perro y piensa contratar vigilancia privada. “Solo me estoy preparando para lo que puede pasar”, dice.

Los vecinos

Prevén solicitar al Municipio o a la Policía chalecos reflectores que identifiquen a los vendedores ambulantes que laboran en el sector.

El comité

Piensa contratar guardias privados de seguridad para que cuiden, sobre todo, en las noches los vehículos y las viviendas.

La Policía

Investigará a los guardias que estén a cargo de los espacios donde se den los robos. La idea es confirmar que “no son campaneros ni cómplices”.

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