Republicanos y candidatura de Trump
Terminando mayo, Donald J. Trump, virtual candidato republicano a la presidencia de EE. UU., volvió a ser noticia. Llamó “violador” a un popular expresidente, cambió de posición en relación con una política tras otra, alardeó con que su compañero de fórmula podría ser “cualquiera” que lo apoye y dijo a la Asociación Nacional del Rifle que Hillary Clinton, probable candidata demócrata, “sacará de la cárcel a criminales violentos”. Más preocupante todavía para la política internacional: apenas horas después de la caída del avión de EgyptAir, y mucho antes de conocerse hechos ciertos, Trump expresó sus propias conclusiones y denunció la “debilidad” estadounidense ante el terrorismo.
Al parecer, ya casi nadie intentará impedir su candidatura, ni los republicanos del “establishment” . Un representante del Partido Republicano que fue auxiliar en el Senado lo explicó así: “Es mejor montar la bestia que tratar de ignorarla”. Y los que trataron de ignorarla fueron muchos. En 2010 y 2011, junto a Vanessa Williamson, estudié las fuerzas populares y de élite que llevaron al surgimiento del Tea Party y que ayudaron a correr al Partido Republicano más a la derecha. Posteriormente trabajé con otros investigadores para descifrar cambios en la política partidaria conservadora. Tironeado en varias direcciones por donantes plutócratas y airados populistas nativistas, el Partido Republicano se convirtió en presa fácil para Trump. A inicios de la presidencia de Obama, conforme los populistas del Tea Party pasaron al centro de la escena, Trump se volvió popular promoviendo intentos de deslegitimar al primer presidente negro de EE. UU. Y aunque no se presentó en 2012, los simpatizantes de base del Tea Party ya tenían los ojos puestos en la inmigración ilegal y el odio a Obama. En las primarias de ese año, al menos la mitad de votantes republicanos trataron de hallar una alternativa al que terminaría siendo el candidato por su partido, Mitt Romney, y no lo lograron. El hecho de que los líderes republicanos no pudieran detener a Obama en 2012 ni revertir sus políticas, intensificó la furia de los republicanos populistas contra su propio partido. A inicios del ciclo electoral de 2016, parecía claro que muchos buscarían un candidato “antiestablishment” unificador. Trump, conocedor del funcionamiento de los medios, adoptó una retórica extremista de nativismo, islamofobia y resentimiento contra las élites del Partido Republicano. Y los medios le proveyeron hasta US$ 2.000 millones en cobertura gratuita. Esto lo ayudó a obtener y mantener la delantera en las encuestas y la mayoría de las primarias.
¿Puede Trump ganar realmente? Funcionarios republicanos electos, temerosos de enfrentar a los votantes, ya comienzan a apoyarlo.
En cualquier sistema bipartidario tan polarizado y parejo como el actual sistema electoral de EE. UU., una sola crisis, como por ejemplo un atentado terrorista, puede inclinar la balanza. Políticos, donantes y líderes de grupos activistas del Partido Republicano ahora tratan de convencerse de que con Trump instalado en la Casa Blanca, podrán manejarlo para que implemente la agenda republicana.
Project Syndicate