
Las reglas de politica que Trump no sigue
He leído en la prensa internacional un interesante artículo en el que se enumera una lista de las clásicas reglas que han seguido los candidatos norteamericanos en las elecciones y que el señor Donald Trump, el discutido pero seguro candidato del partido republicano, no ha cumplido y que, al revés, ha ido en contra ellas, dándole los resultados que ya todos conocemos. No nos sorprendería que llegue a la presidencia del país más poderoso del mundo.
Me voy a permitir comentar algunos de los puntos de la lista elaborada por los periodistas norteamericanos sobre estas clásicas reglas que, desde hace mucho tiempo, han respetado los aspirantes a la presidencia de los EE. UU.
Sin filtros. Es increíble que lo que más le gusta a sus partidarios es que Trump dice lo primero que se le viene a la cabeza: Insulta tanto a sus rivales como a sus críticos. Muchos candidatos pueden pensar algo y quedarse callados, pero Trump no cierra la boca y lo dice: “Me gustaría golpearlo en la cara”, le dijo a un manifestante opositor. Los periodistas dicen que escuchar un discurso entero de Trump, lo consideran como un ejercicio de inmersión en una gramática alternativa. Sus oraciones oscilan en diferentes direcciones a medida que se le ocurre algo distinto. Cuando apela a su muletilla “por cierto” (by the way), no hay manera de adivinar hacia dónde enfilará.
No le cuesta la campaña. Es multimillonario, pero se enorgullece de hacer una campaña barata sacando provecho de la gratuidad de la difusión en los medios, de una manera que provoca envidia en sus rivales. Durante la mayor parte de las elecciones primarias se manejó con un mínimo de personal. No tiene un director de finanzas. Nunca apeló a una acción tradicional para recaudar fondos. Jamás ha hecho cenas de gala ni ese tipo de eventos habituales en los otros partidos. Desde el principio de su campaña, Trump declaró que no ha gastado nada en su carrera presidencial. Trump convirtió la codicia en una virtud. “Toda mi vida ha sido codicia, codicia, codicia”, dijo en un mitin. “Soy muy codicioso, pero ahora quiero ser codicioso para Estados Unidos. Quiero agarrar todo ese dinero para Estados Unidos”.
Nada de encuestas. No tiene un solo encuestador. Mientras los otros aspirantes gastaron cientos de miles de dólares en sondeos para determinar la repercusión de sus mensajes. Trump se guía por su instinto. A menudo dice a sus seguidores que depende de su esposa, Melania, para tantear el sentimiento de los votantes. “Ella es mi encuestadora”, afirmó.
Veleta. Trump cambia de idea con total desparpajo, no solamente de una semana a otra o de un día para otro, sino a veces en el mismo discurso. “Nunca he visto a una persona exitosa que no fuese flexible”, afirmó en un debate republicano.
No tiene programa. Los precandidatos suelen presentar planes de cinco puntos y documentos en los que fijan su posición política. Trump es todo lo contrario. Su supuesto plan para reemplazar el sistema de salud promovido por Obama fue más una declaración de principios que otra cosa. Su reciente discurso sobre política exterior fue un compendio de generalidades. Le encanta confundir a sus rivales sobre sus intenciones. “Tenemos que ser impredecibles a partir de ahora”, expresa.
Mal hablado. Trump intercala vulgaridades en sus discursos, aunque se frenó un poco desde que lo retó su esposa Melania. Muchos políticos dicen malas palabras, pero evitan hacerlo en público. Sin embargo, Trump no tiene pelos en la lengua y utilizó incluso un término ofensivo contra su rival Ted Cruz. Insulta a diestro y siniestro a sus adversarios, a quienes acusa de patéticos, mentirosos, perdedores, desagradables, dañinos y otras calificaciones poco halagadoras. Aunque ha prometido que actuará “más presidencial” cuando llegue el momento. Sostiene que si usara otro lenguaje, solo el 20 % de los asistentes a sus mítines estaría allí, porque sería muy aburrido hablar de otra forma.
Insulta a las minorías. Mujeres, hispanos y musulmanes han recibido una serie de insultos que podrían restarle votos en vastos sectores del electorado. Empezó con el discurso en el que anunció su precandidatura, cuando dijo que entre los inmigrantes mexicanos llegaban violadores, traficantes de drogas y otros delincuentes. Después prometió impedir la entrada de musulmanes a Estados Unidos.
Es increíble, que hasta ahora, esas actitudes le hayan dado resultado, pues va primero en las encuestas del partido republicano, aunque sus altos dirigentes no saben cómo sacárselo de encima. Vamos a ver si el día en que se elige al candidato, no le haya pesado este modo de interpretar la política.