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Regimen laboral quebrado

¿Qué se puede decir de un régimen laboral en el que tan solo el 40 % de la fuerza laboral tiene empleo adecuado, y que, a lo largo de los años, ha despedido fuera del país a un millón de sus efectivos? La respuesta es simple y contundente: ¡el régimen está quebrado! Representa un lastre para la economía, y es determinante del subdesarrollo y de la falta de competitividad del Ecuador.

Es un régimen cuya característica es la extrema rigidez que encarece el trabajo, y que al defender unilateralmente los intereses de quienes tienen empleo, discrimina contra los que lo buscan. La sacrosanta estabilidad laboral cuesta cara en cada momento y en el tiempo. Más aún, en el régimen de la dolarización el ajuste económico se da por la vía del desempleo y la consecuente reducción de los ingresos. Cuando se tiene moneda propia, un gobierno puede engañar inflando la economía y propalando la ilusión monetaria de mayores ingresos, pero igualmente se cumple el ciclo de devaluaciones, desempleo, mayor desigualdad, y caída de los ingresos de los hogares.

Adicionalmente, la falta de empleo afecta seriamente el tejido social y las posibilidades de convivencia, de la seguridad ciudadana, la fortaleza de la familia como unidad de gestión, y el propio equilibrio sicológico de la persona. Los grupos más vulnerables son las madres solteras y los hombres y mujeres jóvenes cuya preparación y formación no les es suficiente para hallar empleo adecuado.

El empleo es un tema apetecido por el populismo que sabe prometer, pero no realizar sus promesas. La opción del empleo público es, como sabemos, un plácido canto de sirenas que carece de sustento real en la medida que por cada empleo público que se crea con impuestos, se quitan por lo menos dos posibilidades de creación de empleo en el sector privado. La exacción tributaria es una fuerza negativa destructora del empleo global cuando se fundamenta en regímenes disfuncionales como el nuestro.

Si el sistema está quebrado, ¿cómo enmendarlo? No hay una respuesta milagrosa que resuelva el problema por arte de magia. Lo que sí es cierto es que la solución necesariamente debe pasar por la adopción de una política económica idónea, basada en la movilidad, que establezca una red de protección económicamente viable, y apunte al crecimiento de la economía.