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Recrudece la represion en Nicaragua
Otra vez las noticias nos hacen conocer respecto al incremento de la represión gubernamental en Nicaragua. Asesinan en Masaya, asesinan en las universidades, asesinan a aquellos a quienes los sacan de sus casas. No importa ya cuantos son los muertos. Esa es una contabilidad morbosa. Una decena basta para indignar. Cientos son intolerables.
Nadie que crea sinceramente que los derechos humanos son dignos del mayor respeto puede argumentar a favor de la represión intentando justificarla, salvo que sea mercenario ideológico del canibalismo tropical de los actuales reemplazantes del somocismo.
Sin duda, la Revolución sandinista se degeneró. La pervirtieron la ambición del poder, la ausencia de una doctrina política ideológica seria, vinculada a la realidad socioeconómica y cultural de la patria de Rubén Darío. Por eso, algunos de los que la llevaron adelante ahora son opositores del régimen dictatorial de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Es triste observar cómo los pueblos nicaragüenses, cuyos nombres se convirtieron en leyenda durante el proceso de la insurgencia contra Somoza, ahora se llenan otra vez de mártires pero, combatiendo a los nuevos tiranos.
La Iglesia católica, que intentó resolver los crecientes conflictos por medio del diálogo, ha visto truncado su esfuerzo cuando ella misma es irrespetada. Se atrevieron a plantear un adelanto de las elecciones como medida para superar la crisis y eso el régimen despótico no lo perdona. Todo menos dejar el poder anticipando elecciones. Nada de elecciones el 2019. Ortega quiere seguir hasta el 2021. Por eso sus huestes tiran a matar.
Duele observar al guerrillero heroico manchándose las manos con la sangre de sus compatriotas, cuando él fue uno de los que les enseñó con su ejemplo a luchar contra los tiranos.
En buena hora, la inocultable magnitud de los crímenes que en Nicaragua se están cometiendo ha hecho reaccionar a nuestra Cancillería. Su comunicado en relación a lo que en ese pueblo hermano sucede, va en la línea de una permanente posición ecuatoriana en defensa de los derechos humanos y en contra de las tentaciones totalitarias.